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¿A qué desafíos se enfrenta la escuela de hoy?

¿A qué desafíos se enfrenta la escuela de hoy?

La educación no debe consistir tanto en llenarnos de certezas como en orientar y alimentar nuestras búsquedasWilliam Ospina

«El país entero es la escuela, el mundo entero es la escuela. La educación no debe consistir tanto en llenarnos de certezas como en orientar y alimentar nuestras búsquedas.» William Ospina

La escuela, como proyecto de transformación cultural, se vislumbra como la punta de lanza del desarrollo rural en Colombia. Lo paradójico es que, a pesar de ser la capacidad instalada con la que cuenta el Estado para resarcir el tejido social tan golpeado y deteriorado en tantos años de violencia, en muchas ocasiones esas viejas escuelas son sacudidas en sus cimientos en medio de las confrontaciones y son refugio de actores armados.

Ciertamente, debemos construir entre todos y, en especial por los maestros artesanos de las palabras y cultores de la memoria, nuevos imaginarios. Por ello, cuando hablo de la capacidad instalada me refiero no solamente a las moles de cemento que representan el espacio físico, hago alusión a los maestros que se la juegan por su vocación y a las comunidades que intentan blindar a las escuelas de los impactos del conflicto armado. Como lo planteara hace tantos años Estanislao Zuleta:

La escuela no puede ir por un camino distinto de las necesidades y problemáticas de las comunidades, la educación debe pensarse en contextos reales.

sosteiniblidadLa sostenibilidad del planeta está, principalmente, en manos de las comunidades que habitan el campo. Los objetivos de desarrollo sostenible apuntan al cuidado de los bosques y de los acuíferos. En los territorios indígenas se ha mantenido una cosmovisión que salvaguarda estos recursos, no podemos decir lo mismo del resto de la ruralidad. La industria, el establecimiento de parcelaciones de vivienda deja como resultado la potrerización galopante en desmedro de antiguos bosques. Este tipo de situaciones, ponen en riesgo la salud de las comunidades; por ello, la base de los proyectos medio ambientales debe ir de la mano de las políticas de las autoridades gubernamentales, con las iniciativas de entes internacionales y con empresas del sector privado.

El mejoramiento de la calidad educativa está ligado a la dignificación de las comunidades donde esta está inserta, por tanto, los saberes de la escuela deben ponerse al servicio de la transformación cultural. La discusión sobre modelos de aprendizaje y estrategias metodológicas son importantes, mas es clave puntualizar cómo las innovaciones tecnológicas, la interconectividad, los avances científicos se ponen al servicio de resolver las problemáticas relacionadas con el uso de la tierra, con el empuje de actividades económicas que garanticen la sustentabilidad del planeta y eleven la calidad de vida de los habitantes del campo.

El problema de la calidad de la educación rural es de largo aliento y de difícil solución:

  • Por un lado, está la precariedad en la infraestructura para dotar adecuadamente a las aulas de servicios básicos. El maestro que se forma para ejercer en la ruralidad tiene un perfil distinto de quien ejerce su oficio en los centros urbanos, por ello las universidades públicas deben ofrecer un programa universitario que forme maestros para laborar en el campo.
  • Por otro lado, el asunto más delicado, a mi modo de ver, es que los maestros rurales duran poco en sus cargos y, en muchas ocasiones, su preparación no se equipara con la de quienes ejercen la docencia en los centros urbanos. Ambos aspectos terminan afectando seriamente la calidad educativa. Se trata de una población de maestros «en tránsito», que desde luego tendrán poco interés en comprometerse con las comunidades.

EstudianteY es que ser maestro, como lo plantea Delors, es algo del alma, es ser partícipe en la labor más delicada: la formación de seres humanos. Ustedes y yo que hemos escogido esta hermosa profesión tenemos claro que no podemos condenar a nuestros estudiantes a permanecer en la famosa caverna de Platón cuando el mundo de afuera espera por ellos. El estudiante es el centro de la educación, pero sin un maestro comprometido con su quehacer la acción educativa queda incompleta, incluso termina generando sentimientos de rechazo y frustración en algunos estudiantes.

Este asunto de la vocación docente es algo que también afecta la calidad de la educación. En pleno siglo XXI escucho maestros que siguen pegados al tablero, que hacen transcribir páginas (del mismo Internet) a los cuadernos, que conservan la formación alineada de los pupitres, que alargan la hora de entrada, de los descansos; maestros que se ausentan fácilmente. ¿Le importa a estos maestros lo que Levinas denomina «el rostro del otro»? Permítanme decirlo con tristeza: no lo creo. ¿Cómo permitimos que se juegue con la educación de nuestros niños?

El principal desafío de la escuela de hoy es con la calidad, la pertinencia, la articulación de los aprendizajes, la motivación de los estudiantes y su permanencia; por ello su misión va más allá del trabajo en el aula.

El mundo actual está lleno de retos para los estudiantes y para los maestros. La alborada del siglo XXI nos ha sacudido con el resurgir de credos religiosos que estigmatizan y persiguen a quienes no comparten sus creencias, las actitudes xenófobas y discriminatorias son ventiladas irresponsablemente por líderes mundiales y triunfan en comicios democráticos resultados extraños como el Brexit en Inglaterra y el NO en el plebiscito celebrado en Colombia a la pregunta: ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Tales hechos cuestionan el lugar de la escuela.

maestrosLos maestros tenemos en nuestras manos la decisión: nos montamos en el tren de las grandes transformaciones o nos quedamos como simples espectadores de los males que aquejan al mundo, tomamos la responsabilidad de quienes han sido entregados a nuestro cuidado o entramos en la dinámica de esta sociedad enferma.

Participar del acto educativo es restaurar el sentido de lo humano, es llevar a la practica el postulado de las grandes religiones monoteístas que nos hace hermanos por ser hijos de un mismo padre hacedor, es aceptar la cosmovisión de las comunidades indígenas que nos percibe como hijos de la tierra y nos hace depender del hilo prodigioso que mantiene sus ciclos de vida y es la posibilidad de trascender por la huella que dejamos en quienes han estado bajo nuestro cuidado.

Artículo escrito por Rubén Darío Cárdenas, rector de la institución educativa Francisco de Paula Santander, en Colombia.

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