Compartir este post

Aprendizaje colaborativo / Blogs / Educación / Novedades / Transformación educativa / Transformación social

Claves para el bienestar socioemocional en tiempos de pandemia

estado socioemocional

Conscientes de los múltiples efectos que ha provocado la pandemia en la vida de toda la comunidad educativa, les preguntamos a nuestros líderes sobre las claves para el cuidado socioemocional de estudiantes y educadores.

En esta sección de «Nuestros líderes opinan» compartimos reflexiones y respuestas venidas de España, México, Puerto rico y Chile.

¿Cómo cuidar el bienestar socioemocional de los estudiantes y educadores en tiempos de pandemia? Criterios y sugerencias».

Cristian Infante. Chile. Rector colegio Marcelino Champagnat.

Algunos de los elementos fundamentales que pueden mejorar el estado socioemocional de estudiantes y profesores son:

Tratarlos como profesionales fundamentales para sus estudiantes, que sientan la importancia de su labor, innovando junto con ellos en formas nuevas de afrontar esta emergencia, dando espacios para conversar los problemas y frustraciones que viven en la relación con los alumnos y alumnas.

Denifir rutinas acotadas, concretas y focalizadas, sin estar creando actividades nuevas de modo permanente sino que profundizando en las actuales, esto para que puedan también generar un orden en sus propias rutinas familiares.

Entregar información clara y oportuna, apoyando en las necesidades tecnológicas y de producción de contenidos a través del trabajo colaborativo entre pares.

Invitarlos a participar en actividades de ayuda social, llamándolos de modo individual para saber cómo están.

Generar beneficios económicos para casos de dificultades familiares.

Y, principalmente, sostener un mensaje de mucha esperanza y sentido de la docencia. 

Elvira Molina Fernández. Departamento de Pedagogía. Univesidad de Granada. España

Atender al estado socioemocional de los estudiantes es una tarea que muchos docentes asumimos como parte de nuestra labor, convencidos de que cuidar esta dimensión contribuye a lograr procesos de enseñanza y aprendizaje aún más enriquecedores.

Sin embargo, en la situación actual de pandemia mundial, el bienestar socioemocional cobra si cabe mayor importancia, por ello a continuación propongo algunas estrategias que pueden inspirar otras para desarrollar una labor docente empática:

  • Construir espacios de enseñanza y aprendizaje basados en la comunicación, la seguridad y la confianza. Ya sea en un entorno presencial, no presencial o virtual favorecer el diálogo y la comunicación horizontal entre docentes y estudiantado contribuirá a rebajar el estrés emocional y a construir el sentimiento de pertenencia a un grupo.
  • Dotar de protagonismo a los cuidados y vincularlos con los aprendizajes. Cuidar de uno mismo y de otros, de forma directa e indirecta, ha sido una labor poco visibilizada, pero que en la situación de pandemia se convierte en una actitud clave. Poner en valor la importancia de los cuidados no puede permanecer ajena al currículum, sino que debemos visibilizar las conexiones para que nuestra formación no parezca ajena al bienestar de otros, muy al contrario, nuestra construcción personal y profesional debiera ir de la mano del cuidado individual y social. 
  • Verbalizar las emociones reconociendo las propias. Los entornos comunicativos  y dialogantes que incorporan los cuidados al proceso de enseñanza y aprendizaje necesitan abordar de forma consciente las emociones como elementos clave que median en nuestras decisiones. Reconocer las propias y las ajenas es sólo un primer paso hacia un proceso más complejo para desenmascararlas en los discursos de construcción del otro y en el proceso de construcción de nuestra ciudadanía.
  • Incorporar la Educación para la Muerte. Pero sin duda es el reconocimiento de nuestra finitud lo que nos ha revelado esta pandemia. Por ello, debemos superar el tabú de la muerte en el ámbito educativo, como antes hemos superado otros. Abordar la muerte desde un punto de vista educativo a través de una Educación para la Muerte puede contribuir a vivir de forma más consciente y a incorporar cuestiones como la pérdida, el duelo, el miedo, etc. como parte de la vida.

Margarita Pérez. México. Profesora de la Universidad Pedagógica Nacional en México.

El actual contexto ha puesto en evidencia que los seres humanos necesitamos de los otros, de las relaciones cotidianas, de la interacción y de modo especial del afecto. Más aún, el avance de la neuropedagogía pone especial acento en el componente emocional, como ingrediente indispensable en los procesos de aprendizaje. Por ello es necesario cuidar el bienestar socioemocional, tanto de los estudiantes como de los propios educadores.

Desde ahí, considero necesario cuidar las condiciones de vida y de interrelación de los educadores y también de los educandos; cuidando aquellos aspectos que nos mantienen en calma: Estabilidad de horarios y actividades, como marco para el día a día.

En este contexto habremos de cuidar la existencia de espacios para lo individual, como trabajo, estudio, ejercitación, esparcimiento; pero también es necesario establecer espacios claros para la convivencia, con nuestros pares y con la familia.  Cuidar las rutinas de alimentación y de sueño, previene de problemas de sobrepeso o de insomnio; limitar el tiempo de exposición a los medios de comunicación y Tics en general. Mantener o incorporar prácticas de meditación, yoga o actividades físicas que bien podemos compartir con la familia. 

Y si bien estos aspectos deben ser considerados por todos, para los educandos son vitales, dado su proceso de desarrollo neuronal.

En ese aspecto, debo referir como indispensable la interacción social de calidad, es decir, centrada en lo que sienten, en cómo ven la realidad y lo que piensan de su futuro, lo que requieren de nosotros. Vale la pena involucrarlos en alguna práctica de servicio para los otros, porque ello les permite identificar claramente un sentido social en su vida.

Y es justo aquí donde ubico el papel del educador: en generar prácticas educativas que permitan a los educandos conocerse, valorarse y darse a los otros.

Si nuestro trabajo educativo se centra en ello, fomentar el autonocimiento y la autovaloración, para aportar al otro; entonces nuestro ejercicio estará aportando a lo fundamental del proceso educativo: el SER. Y a propósito de ésto, mis compañeros seguro pondrán el acento en las prácticas artísticas que lo propician.

Hna. Blanca M. Colon, CRL. Puerto Rico. Directora Ejecuiva C.A.S.A. San Agustín del Coqui, Inc.

Siempre ha sido un principio casi universal que, cuando el barco se esta hundiendo, lo primero que se salva son los infantes, los niños… Luego, pensamos qué hacemos los adultos que quedamos en la embarcación.

Ciertamente, la COVID-19 ha planteado un desafío que muchas veces ha tenido que enfrentar la humanidad en diferentes épocas de su existencia. Hasta finales del Siglo XIX no se reconocía para nada que los niños y niñas eran personas, eran seres humanos, eran personas con dignidad, derechos y deberes, cada uno de acuerdo a su madurez.

Aún en nuestros tiempos, reconocer al mejor de edad —todavía esta en discusión determinar dónde empieza ese “menor de edad” y dónde comienza “el adulto”— como sujeto de derechos es muy reciente, pues fue en 1980 que la ONU desarrolla los principios de los Derechos Internacionales de los Niños. Por eso, cuando hablamos de “cuidar el bienestar socioemocional de los estudiantes, esto es, “de los menores de edad”, sigue siendo un desafío grande para las adultos, que siempre buscan ser los primeros en la fila y, después “los más chiquitos”.

Por lo tanto, cuidar ese bienestar socioemocional de los estudiantes es un nivel de conciencia, en los adultos de nuestro tiempo, que saben el daño, a su propia generación si no buscamos con premura, de esa “bienestar”.

Los niños, necesitan a su alrededor, adultos maduros, empáticos, sensibles, con principios y conocimientos claros del desarrollo de los niños y, prestos a crear espacios educativos enriquecedores, apelantes, motivadores en medio de esta nueva realidad.

Los niños necesitan, adultos, MADUROS….es decir, generosos, organizados, estructurados, honestos, con iniciativa e innovadores. Adultos, que busquen formas de integrar a los padres, ahora sus asistentes educativos, en la enorme tarea de educar a una generación.

Si hemos tenido tropiezos en estos tiempos con gobernantes ignorantes, egoístas e insensibles, es porque ellos son el claro ejemplo de una “mala educación”. Algo pasó que no aprendieron ni lo más elemental sobre la ciencia, la salud, la economía. La pregunta: ¿Cómo es que tantos le siguen y los han llevado a las posiciones más alta de nuestro planeta para “dirigir”?

Los niños necesitan reflejarse en adultos COMPROMETIDOS. Ellos pueden enseñar a sus hermanitos, sus primitos, sus vecinitos, aunque sea por Zoom. Lo que ellos aprendieron bien lo pueden enseñar a otros. Enseñémosle a usar las redes sociales para educarnos, los unos a los otros.

En realidad, el miedo no es malo, si nos empuja a buscar espacios de seguridad emocional saludables, primero para los niños, desde los adultos.

Los adultos busquen en Dios, sus familias, esos principios fundamentales de la convivencia en comunidad, para juntos crear la protección emocional para desarrollar niños y niñas resilientes, amables, comprometidos, generosos e inteligentes cognitivamente, pero sobre todo emocionalmente.

Cómo vemos, nuestros líderes consideran fundamental hacerse cargo del cuidado emocional de la comunidad educativa. Desde los educadores es clave cuidarse para poder cuidar y vivir este tiempo en comunidades de confianza, compartiendo nuestros sentires, facilita el cuidado mutuo y vivir la pandemia de forma más integrada y sana.

Compartir este post

Deja un comentario