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Corporalidad en el aula

Corporalidad y educación

No tenemos un cuerpo, somos un cuerpo. El cuerpo, con su orgánica y dinámica, nos constituye y construye. Somos movimiento y gesto y estos, de algún modo, configuran nuestra estructura cerebral.

La estrecha relación que existe entre nuestra corporalidad y las funciones mentales, psíquicas y neurológicas, se ha estudiado desde hace décadas hasta el punto de que hoy lo difunden distintos estudios neurocientíficos como una realidad indiscutible: «El cerebro humano y el resto del cuerpo constituyen un organismo indisociable, integrado mediante circuitos reguladores bioquímicos y neurales mutuamente interactivos. El cuerpo proporciona algo más que el mero soporte y la simple modulación: proporciona una materia básica para las representaciones cerebrales». (Damasio 2006).

cuerpo y educaciónSi está ampliamente comprobado que la recurrencia de nuestra corporalidad facilita los procesos de aprendizaje, ¿por qué en la mayoría de nuestras escuelas no se incorporan prácticas cotidianas que faciliten el reconocimiento de los propios estados corporales, la conexión e identificación de estados emocionales, el movimiento y la postura corporal como expresión del «sí mismo» y, por tanto, como camino de autoconocimiento y facilitador del encuentro humano? ¿Por qué no se le da la debida importancia a la oxigenación, hidratación, distensión y  correcta alimentación de los estudiantes antes de comenzar una clase?

Puede haber muchas respuestas a esta pregunta, no obstante, a partir de la propia experiencia, puedo mencionar dos, que me parecen claramente identificables:

  1. La primera hace referencia a la relación con la creencia en algunos sectores del mundo de la educación de que en los procesos de aprendizaje intervienen solo las capacidades intelectivas de la persona, reduciendo las experiencias de aprendizaje casi exclusivamente a procesos mentales. Como consecuencia, se evita perder tiempo en actividades que no se relacionan directamente con el ámbito cognitivo.
  2. La segunda tiene su origen en la desconexión que muchos educadores mantienen con su propia corporalidad, consecuencia de una educación disociadora, que ha utilizado la corporalidad humana más como medio de control social y moral que como rica fuente de autoconocimiento y aprendizaje. Esto ha generado una suerte de inseguridad en los educadores para abordar este ámbito de desarrollo en sus estudiantes.

Es urgente mirarnos a nosotros mismos y tomar conciencia de lo que ocurre en nuestros propios centros respecto de este tema para fortalecer prácticas que van en la línea de la integración de la persona o definitivamente comenzar a descubrir la potencialidad que tiene la comprensión de esta gran verdad para una educación verdaderamente integral:

No tenemos un cuerpo. Somos un cuerpo.

Artículo escrito por Marcela Bloomfield. Profesora de Estado en Educación Musical, Magister en Gestión y Dirección Escolar,
facilitadora-didacta del sistema Biodanza y directora fundadora de Organismo técnico
de Capacitación (OTEC) Barrios&Bloomfield.

 

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