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De lo individual y colectivo en educación social

inidividual y colectiv

¿Cómo poner límites y normas y hacerlas cumplir a la vez que respetamos a cada individuo en su proceso? El trabajo con los jóvenes guarda relación con el cuidado que han recibido en la infancia.

Una organización, 3 pisos de autonomía, 10 chavales de diferentes nacionalidades, perfiles, deseos y necesidades. Todos firman una misma normativa y son supervisados por un mismo equipo, y cada uno tiene, además, un Plan de Trabajo Individual (PTI) que desarrollar.

Después de unos años estudiando educación y unos meses trabajando con educación social en España, me parece al fin que quizás la respuesta es la más sencilla: lo individual es individual, pero el colectivo es colectivo. O más específicamente:

Las normas sirven para ser ejecutadas, pues deben ser ejecutadas igualmente por todos, pero la normativa es colectiva y, por tanto, otras normas son creadas para el desarrollo individual y específico de cada chaval.

Cada chico o chica puede tener más o menos dificultad y, claro, más o menos deseo, en una tarea, pero a ellos les toca hablar de eso, pedir ayuda, preguntar por qué se hace. Al equipo, a su vez, le toca abolir las normas innecesarias. Permitir que algunos chavales incumplan normas colectivas. Fijémonos, es una acción contra-educativa.

Donald Winniccott ha escrito un libro que, a pesar de no ser específicamente sobre el caso de chavales en centros de acogida, trata de la privación y deprivación por la cual ellos pasan: Deprivación y delincuencia, 1984. En él, el autor dibuja distintos perfiles psicológicos a partir de distintas vivencias infantiles y familiares, y luego presenta maneras de actuar con cada uno de esos perfiles. A partir de sus ideas, es posible dibujar perfiles de los jóvenes que suelen estar en pisos asistidos o centros de acogida. En España, hoy podríamos decir que esos son, especialmente:

  • Hombres marroquíes que han tenido una infancia super cariñosa con mucha presencia de sus madres, pero que han vivido en condiciones materiales no solo difíciles pero también limitantes, y que en su adolescencia han decidido, parcialmente por presión de esa misma familia, hacer un viaje lleno de dificultades y dolores y migrar para Europa, donde creen que podrán tener una vida mejor y proporcionarla también a toda su familia
  • Hombres y mujeres cuyos padres han emigrado para Europa con toda la família pero que, cuando aquí llegaron, encontraron muchísimas dificultades y han abandonado, en cierta manera, los cuidados con sus hijos.
  • Españoles, pero especialmente españolas, cuyas familias muchas veces podrían haber proporcionado una vida materialmente estable para sus hijos, pero que por enfermedades como la adicción a drogas o alcohol también han abandonado el cuidado de los hijos.

cuidadoDe acuerdo con Winniccott, el trabajo con los jóvenes tiene mucho que ver con el cuidado que han recibido cuando eran niños. Aquellos que no tuvieron cuidadores estables que han hecho un buen trabajo en el apoyo al desarrollo de la personalidad de los niños necesitarán límites y normas más estrictos: su privación cuando eran niños del apoyo necesario sólo podría ser compensada por una postura más directiva desde los educadores en la adolescencia y juventud. Por otro lado, los que tuvieron el desarrollo inicial más apoyado, que si bien no necesitan un trabajo tan directivo desde los educadores, aguantan más dificultades y desafíos.

Desde el piso asistido, la misión del equipo educativo es apoyar el desarrollo de la autonomía de esos chavales. El marco creado por Winniccott puede servir de ayuda para que comprendamos las necesidades psicológicas de cada perfil, además de qué tipo de normas se deben poner para cada uno. Para los que necesitan un control más estricto, se pueden poner normas más estrictas (incluso cosas como hora de despertarse y acostarse), un PTI más comprensivo (con objetivos de relaciones sociales además de formación profesional, por ejemplo); para los que necesitan ejercitar más la libertad, se pueden normal menos normas personales.

Las normas colectivas, a su vez, deben ser creadas con base en lo que aporta la institución, y en lo que es realmente necesario para la convivencia. Si un equipo educativo cree, por ejemplo, que es esencial trabajar las relaciones grupales entre los chavales, podría poner una norma de que una comida al mes se hace colectivamente. Además de eso, hay normas más generales como la obligación de que el piso esté siempre limpio.

La mirada individual es esencial para desarrollar a los jóvenes realmente y el afecto es clave para la educación. Algo que no debemos olvidar es que el amor lleva emparejado los límites.

Resultado de imagen de educación relacional joan quintanaJoan Quintana Forns y Arnaldo Cisternas Chávez, en su libro Educación relacional (2018) listan como tercera clave (de diez) para una educación relacional y efectiva la duplicidad amor y límites. “Reconocer es una danza entre el amor y los límites para aprender y convivir”.

Reconocer en cada uno de los educandos cuál su necesidad específica de amor y límite es el trabajo esencial de todo educador. Saber que uno necesita una norma que le hace despertar todos los días a las 9h incluso en vacaciones y que otro necesita la libertad de crear su propio horario es donde no sólo podemos pero debemos ejercitar la flexibilidad. El cumplimento de las normas, por su vez, no sólo no debe como no puede ser objeto de flexibilidad.

Cuando ponemos una norma y su incumplimiento no tiene ninguna consecuencia, enseñamos que la norma no era importante, que no hace falta que se fije en la autoridad del educador, y que las normas en general se pueden incumplir. A largo plazo, podríamos decir que estamos creando personas que creen que pueden hacer cualquier cosa.

Es importante resaltar que la obediencia ciega a las normas no es el objetivo, y ni tampoco creo que podemos exigir el cumplimiento de normas autoritarias o aleatorias. Por eso se da tanta atención a la creación de normas que realmente ayuden en el desarrollo de la autonomía y responsabilidad de los asistidos en los pisos. Pero si tenemos normas bien creadas y que acreditamos, ¿por qué no nos fijamos en su cumplimiento?

Lo que suele pasar también es, por mantener o estrechar el vínculo del educador con el educando, que el educador elige no poner consecuencias al incumplimiento de normas o incluso ni poner las normas menos sencillas. El vínculo sí es esencial en una relación educativa, pero hay que acordarse que la relación es educativa, y no entre amigos: o sea, no se puede dejar el educativo en segundo plano.

reflexiónAsí que volvemos al inicio: ¿cómo poner límites y normas y hacerlas cumplir mientras respetamos cada individuo en su proceso? El primer paso sería realmente reconocer el educando en sus deseos y necesidad, para luego poder crear normas con sentido. Las normas individuales responden a necesidades individuales, y las colectivas a las del grupo específico. Luego, establecer consecuencia que no son castigos, sino las consecuencias mismo del incumplimiento: si uno necesita aprender a limpiar mejor, que limpie más; si uno necesita organizar su horario, que tenga más intervenciones del educador al largo de los días.

La clave de las normas, como la de la educación en general, parece ser la más sencilla: reconocer cada individuo como uno, y poner como objetivo primario el aprendizaje.

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Artículo escrito por Amanda Matta, pedagoga, abogada y maestra en Educación: Historia, Política, Sociedad. Trabajó en la escuela y en el tercero sector sector en Brasil. Actualmente vive en Barcelona, donde estudia un Máster de Educación en Valores y Ciudadanía y trabaja en pisos de autonomía para jóvenes extutelados. Asimismo, colabora en un curso de alfabetización de primera acogida para extranjeros y desarrolla proyectos de formación de educadores para un paradigma integral.

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