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De los libros

De los libros

Sé que es difícil llegar al final de un libro que carece de epílogos y respuestas, seguro la vida también termina con un cerrar de páginas. Sí, sé que solemos llegar a la última página cuando leemos, pero, sólo a unos pocos nos gusta leer. Imagino que esta probabilidad es ínfima en los jóvenes, cierran de golpe los libros y a veces sufren grandes estrujamientos, otros se dañan enmohecidos guardados en cajones y grandes estantes, otros los destruye la lluvia, de otros queda una pequeñísima parte rescatable y a los que nos gusta leer solemos observarlos con nostalgia y decir:

Tanto que me gustaba…

No importa si hay otros, sustitutos, procreados de la misma naturaleza, quizás hasta del mismo autor. Hay libros que se vuelven únicos y eso es indiscutible.

Algunos los compramos con gran fascinación, sólo por el título, por la portada y apenas llegamos a la primera página, nos desencanta, entonces lo archivamos junto con los demás cachivaches y cosas sin importancia, otros, no nos parecen tan interesantes, sin embargo existen esos que acogemos como a un hijo, nos lo llevamos a la cama como un amante, lo acariciamos y retenemos con celos, nos parece inevitable dejar de leerlos y cuando llegamos al anhelado fin, parecemos habernos arrepentido y sentimos la necesidad inmediata de volver a ellos, de repasar página por página como buscando algo que se nos escapó, que no pudo digerirse al instante pero que sin lugar a dudas tocó fibras, entonces subrayamos todas aquellas frases que nos marcaron, las utilizamos luego cada vez que nos llega a la mente algún recuerdo, cada vez que una fecha especial nos la solicita. Como si fueran nuestras quedan plasmadas en nuestras cartas y en el corazón de sus respectivos destinatarios. Vuelan y se albergan en las almas solitarias, las alegres, las que andan perdidas, las que no encuentran refugio, en las almas que son abismo, necesidad y hambre.

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