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Educación social. ¿Una profesión para formar a todos?

Educación social

Si la educación es social podría pensarse para las relaciones: desde las que se establecen entre educandos y educadores hasta las que se establecen en toda la sociedad.                                                      ¿Sería entonces la educación social la única formación que debería existir —y la formación de profesores de escuela una especialización?

El rol del educador social en Brasil

El rol de educador social es análogo al del educador popular brasileño. Allí, ese rol muchas veces lo desempeña un religioso, históricamente de la teología de la liberación. Nosotros, brasileños, tenemos una bonita historia de educadores sociales y de su influencia en la educación escolar, y vemos a Paulo Freire como un enorme símbolo de la importancia de una mirada a la gente, al pueblo.

Andragogía

Imagen de @captainalready

En Brasil, no existe la formación o la profesión de Educación Social. Existe la formación en pedagogía y andragogía —conjunto de técnicas de enseñanza orientadas a educar personas adultas, así como específicas por disciplina escolar. En España todavía existe el grado universitario en Educación Social, y creo que tiene un enorme potencial.

El momento de la educación popular de la teología de la liberación en Brasil fue la dictadura militar. La educación formal en ese momento aún no era —y ni se planteaba que fuera— universal. El país pasaba por rápidos y profundos cambios estructurales que requerían de la población otros cambios igualmente rápidos y profundos. La institución que buscaba ofrecer apoyo al pueblo era la iglesia, específicamente la de la teología de la liberación, que trabajaba desde una perspectiva de la educación para la emancipación: con proyectos desde la alfabetización hasta la agricultura para la seca.

En mi país, aunque nos quede muchísimo a aprender con la educación popular, no hay una separación formal entre la formación del educador social y la educación escolar. Si uno se quiere formar como educador, encontrará en la Facultad de Educación brasileña un único curso de formación de profesores, además de las disciplinas de licenciatura para los especialistas. En esa formación casi única (grado en pedagogía o disciplinas de pedagogía para licenciatura) se forman todos los educadores que buscan una formación universitaria: desde los cuidadores de bebés hasta los profesores de bachillerato.

Por el contrario, aquí en España no solo hay un grado específico en Educación Social sino que también hay profesiones pensadas a partir de la existencia de ese grado, como la del educador de calle. También hay diversas otras formaciones y profesiones regularizadas, como las de monitor de ocio y de guardería. En definitiva y, en oposición a Brasil, en España no hay una única formación a todos los educadores, y sí muchas miradas formativas diferentes y profesionales de lo que se ve como diferentes educaciones. Las ventajas y desventajas de cada modelo nacional, yo creo, dependen de la mirada del observador.

A mi parecer, la educación debe ser siempre integral, mirar a la persona en su totalidad; por ello, el educador siempre debe tener conocimiento de neurociencia y psicología, de desarrollo humano, política y antropología.

Si asumimos que la escuela está condicionada por intereses y por una metodología que no mira al ser humano de forma global y ni tampoco tiene en cuenta el entorno, me parece que hacer una formación distinta para el educador social es salvar la educación social de una mirada colonizada. Por otro lado, separar desde el principio la educación escolar de la social es condenar a la primera a que se quede colonizada para siempre.

Educación tradicional vs educación social

Como profesora en Brasil, o sea, como alguien que se ha formado en un grado que me enseñó una mirada colonizada de la educación, que tiene la escuela como agente de adaptación de los chicos a una orden preconcebida, me parecía genial separar y proteger la educación social —salvarla para que pueda ser un campo que tiene en cuenta la globalidad de la persona. Pero la realidad me mostró que todo lo real siempre es más complejo.

viejoEn una escuela tradicional, para lo bueno y para lo malo, el educador siempre tiene que pensar a nivel de grupo: el gestor piensa en toda la escuela, el profesor piensa al menos en toda la clase. Ya en las profesiones de la educación social, suele se pasar el revés: el educador social se enfoca en los individuos.

En un centro o piso de acogida, por ejemplo, muchas veces hay momentos colectivos como salidas o asambleas, pero son puntuales y tienen como objetivo promover que los chavales socialicen entre sí. La intervención del educador está enfocada en momentos individuales, en general en modelo de tutorías.

educador socialMientras el profesor de la escuela tradicional actúa a nivel de grupo para producir resultados individuales (como aprobar exámenes), el educador social actúa de forma individual para hacer frente a desafíos grupales (como la exclusión social). Si por un lado esto crea la oportunidad de una mirada personalizada a la individualidad de un educando, por otra la educación social parece olvidar que uno solo existe en la sociedad en cuanto es miembro del grupo.

La importancia del grupo

Personalización, singularidad, individualidad son palabras de moda actualmente. Se combate una visión de cosas hechas sin cuidado con el humano integral con una de que todo debe ser hecho especialmente para cada persona. Pero eso olvida una de las características humanas más importantes: la sociabilidad.

Vygotsky

Lev Vigotsky. Psicólogo ruso y uno de los más destacados teóricos de la psicología del desarrollo.

Es con el otro cuando nos desarrollamos, aprendemos, y vivimos bien. Una de las síntesis más importantes de Vigotski es que la unidad mínima del desarrollo humano no es el humano, sino la relación. Esa relación puede ser con otra persona o con el medio, pero el humano tiene que estar en relación con algo externo para aprender y transformarse.

Así, trabajar con un individuo dentro de un despacho con la conversación como herramienta principal impone demasiados límites a la acción del educador. Si una persona aprende la perejivanie (Пере/pere cruzar; Жить/jit verbo vivir, Ване/vanie adverbio), o sea, el en acto que cruzar la vida, la acción educativa debe situarse en esta misma vida. El trabajo del psicólogo sería hablar sobre, por ejemplo, un conflicto con otra persona; pero el trabajo del educador social sería vivir ese conflicto, proporcionar ese conflicto y las síntesis que se crean a partir de ello.

Y qué lugar podría ser mejor para actuar sobre las relaciones y vivencias que una escuela: institución llena de personas diferentes entre sí, de diferentes orígenes y valores, y unidas solamente por el objetivo de aprender. Trabajar en una escuela desde la perspectiva de la educación social, o sea, de una educación que mira a cada persona individualmente pero con el objetivo de superar desafíos colectivos, sería la mejor unión de dos mundos.

Al final, la pregunta misma de si sería la educación social la única formación que debería existir me suena, ahora, un poco loca. No es la creación de una formación universitaria lo que va cambiar la manera de desarrollar la educación en el mundo, sino cómo se piensa y se lleva acabo la actividad educadora ahora mismo, incluso en la universidad.

De nada nos ayuda formarnos para la educación social si en nuestra práctica nos olvidamos mirar al ámbito social. De nada nos ayuda poner las personas en un colectivo escolar si nos olvidamos de que cada individuo es uno. Al finalizar el día, la función del educador se construye a partir de las relaciones que él genera y aprovecha en la vida —y eso podemos hacer todos desde ahora.

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