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El derecho a la educación, palabras que no se cumplen

DERECHOS

El artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y los artículos 28 y 29 de la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989, dejan claro que el derecho a la educación es innegable.

Asimismo, se afirma que que todo niño, niña y adolescente tiene derecho a una plaza escolar gratuita, con un curriculum acorde a los principios de la paz y la convivencia.

Desde la perspectiva histórica, el reconocimiento del derecho a la educación corre el mismo camino que el reconocimiento de los Derechos Humanos. El logro de estos últimos derechos ha supuesto implícitamente el derecho a la educación, de forma que, en las constituciones y leyes básicas de la mayoría de países queda plasmado el reconocimiento de la educación como un derecho básico de la ciudadanía. De hecho, los tratados internacionales no han soslayado la importancia de esta necesidad básica, tanto para la formación de la personalidad, como para el ejercicio de las libertades en las sociedades democráticas.

Como tantas veces se ha dicho: el derecho a la educación es la llave que nos permite el acceso y el disfrute de todos los derechos y libertades.

En un mundo global como el que vivimos, la expansión de este derecho es una necesidad ineludible, que reclama la máxima atención de todos los poderes, sean locales, nacionales o trasnacionales. Junto a los planteamientos de hace unas décadas sobre Educación Para Todos (EPT), se insiste también en que sea una educación de calidad y en una educación para el Desarrollo Sostenible. Además, tendríamos que añadir, que el derecho a la educación demanda, no solamente la atención de los poderes públicos y privados a la escolarización de la población, sino una educación que debe ser asequible y accesible. El derecho a la educación exige, consecuentemente, la educación en derechos, que es la otra cara de la moneda.

La realidad es tozuda y nos sigue exponiendo datos y mostrando lugares donde este derecho no se cumple, desde el niño que no puede ir a la escuela porque la más cercana se encuentra a 20 kilómetros de su casa, a la niña a la que su familia no le permite acudir al centro escolar porque tiene que trabajar en tareas domésticas, al adolescente a quien acosan sus compañeros, al estudiante que es maltratado por el profesorado en el centro escolar, o a la adolescente que pierde su escolaridad por atender al hijo recién nacido.

datos UNESCOSegún los datos de UNESCO (2018) hay 262 millones de niñas, niños y adolescentes sin escolarizar, aunque están en edad de cursar estudios primarios y secundarios; algo menos del 20 por ciento de los países garantiza 12 años de educación gratuita y obligatoria; 1 de cada 11 niños no cursa la enseñanza primaria; 1 de cada 5 adolescentes no llega a realizar estudios secundarios y más de la mitad de los niños y niñas que cursan la enseñanza primaria no alcanza el nivel mínimo de competencias en lectura. Todas y todos ellos tienen negado ese derecho a la educación y les estamos cerrando la puerta a un futuro mejor.

El análisis del derecho a la educación planteado por Katarina Tomasevski, Relatora Especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Educación desde 1998 a 2004, una verdadera  líder en la defensa de este derecho, nos muestra que un auténtico derecho a la educación debe responder a cuatro dimensiones:

Disponibilidad (que haya una escuela a la que poder acudir).

 

2Accesibilidad (que en la escuela no haya discriminación de ningún tipo).

 

3Aceptabilidad (que los contenidos impartidos en la escuela sean acordes a los derechos  humanos).

 

4Adaptabilidad (que las estructuras escolares sean capaces de responder a los cambios que se dan en la sociedad).

 

Esta forma de analizar los derechos nos permite conocer los límites y posibilidades institucionales, familiares o personales. En muchos países del mundo se está desarrollando la justiciabilidad* del derecho a la educación, esta herramienta  nos permite exigir a las instituciones, ante los tribunales de justicia, el cumplimiento de este derecho tan básico y fundamental.

Los países, al igual que los malos estudiantes, saben utilizar muy bien sus excusas, aplazando el cumplimiento de este derecho ante los organismos internacionales, así han quedado sobre la mesa la Declaración de Dakar o los Objetivos del Milenio y, aunque esperamos que no ocurra, veremos si los Objetivos de Desarrollo Sostenible, promulgados por Naciones Unidas en 2015, se alcanzan para 2030.

Por lo tanto, cuando nos referimos al derecho a la educación, hay que hacer notar dos aspectos fundamentales:

1Uno cuantitativo: una plaza escolar para cada niño y niña, sin discriminación, y para todos y todas.

 

Otro, cualitativo: una enseñanza de calidad, donde además de la formación necesaria, la educación esté basada en derecho humanos, respetando las características propias y diversas de los niños y niñas; es decir, adecuar la educación al interés superior del niño.

*Para más información sobre la justiciabilidad, también se puede visitar el siguiente enlace: http://www.corteidh.or.cr/tablas/r25567.pdf

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Artículo escrito por:

Luis María NayaLuis María Naya Garmendia, catedrático de Historia de la Educación de la Universidad del País Vaso/ Euskal Herriko Unibertsitatea, miembro del Grupo de Estudios Históricos y Comparados en Educación – Garaian y coordinador de la Unidad de Formación e Investigación Educación, Cultura y Sociedad.

 

Paulí Dávila

Paulí Dávila Balsera, catedrático de Historia de la Educación de la Universidad del País Vaso/ Euskal Herriko Unibertsitatea, investigador principal del Grupo de Estudios Históricos y Comparados en Educación – Garaian y autor de numerosas publicaciones.

 

Joana Miguelena

Joana Miguelena Torrado, profesora del Departamento de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad del País Vaso/ Euskal Herriko Unibertsitatea miembro del Grupo de Estudios Históricos y Comparados en Educación – Garaian.

 

 

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