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El liderazgo del rector y la calidad educativa

Liderazgo educativo

Llevamos la escuela a cuestas. Quienes decidimos escoger el camino de la docencia sabemos que no podemos dejar de pensar como maestros.

Pensar la educación es pensar en la columna vertebral de la sociedad. Un papel que se torna crucial en un país como el nuestro, Colombia, tan lleno de cicatrices, que intenta recomponer su imaginario de nación en un escenario viciado de inequidad social, de falta de oportunidades y violencias, una tarea que exige repensar el lugar de la escuela como espacio determinante de transformación cultural.

Asumir el reto de ser rector es tener la capacidad de ser maestro de maestros. Se trata de alguien sensible, a quien le duele el país, un maestro con capacidad de liderazgo y con vocación de Quijote, que se desvela y lucha por utopías, evitando unirse al facilismo de la lamentación o el derrotismo.

Al hacer un balance de los 20 años del Premio Compartir, Julián de Zubiría propone cuatro características que son comunes a los grandes maestros que han sido reconocidos en dicho certamen:

  1. Liderazgo social
  2. Apasionamiento
  3. Espíritu reflexivo
  4. Actitud dispuesta a plantear y plantearse siempre retos cada vez más complejos.

Quisiera retomarlas como virtudes imprescindibles de un rector, y complejizarlas con otras características y otras funciones que multiplican la responsabilidad de su oficio como cabeza visible de una comunidad educativa.

Harun_Al-Rashid

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Har%C3%BAn_al-Rashid

Me encanta la imagen de un personaje de las Mil y una noches, el califa Harún-Al-Raschid, que se viste de paisano para conocer de cerca los problemas de la gente. Un rector, apegándonos a su etimología, es quien rige, orienta y da línea discursiva en una comunidad; por ello no puede estar distante de ella. El califa baja de su alto cargo y escucha a su pueblo, intenta sentir lo que la gente siente. El rector –de forma similar– debe estar cerca de su comunidad, conocer al dedillo sus necesidades y problemas; esto solo puede hacerlo si genera relaciones de empatía, aquellas que nacen en el saludo cotidiano, en el compartir el día a día, en el diálogo asertivo. Es instaurar el concepto de una rectoría de puertas abiertas, una rectoría que escucha, que se empeña en leer la comunidad en que está inserta la escuela.

El rector que se encierra en su oficina, se eleva en su cargo, toma distancia, se excusa por lo “sobreocupado” que permanece para no atender a nadie, aguarda las “visitas oficiales” y paciente espera “la mano milagrosa” del Estado, es un rector que contagia pasividad. Falta aquí la llama de la pasión, que se lleva dentro. Un rector que no se entusiasma con su quehacer es un rector que no convocará a sus maestros, y la suya será una escuela enajenada frente a los problemas que se cuecen dentro y fuera de su espacio físico; una falta de iniciativa que será cómplice del deterioro en el tejido social.

Por el contrario, un rector que se mantiene actualizado, que interpela su modelo pedagógico con respecto a una sociedad que marcha a un ritmo vertiginoso, un rector que convoca a sus maestros a jornadas pedagógicas con propósitos y planes de mejoramiento continuos, que busca innovar, que es recursivo, es un rector que apasiona desde el reflexionar y desde el hacer.

No se concibe un maestro, menos un directivo docente, que permanezca mudo y pasivo en su rol. Se espera un rector que reflexione en torno a las prácticas educativas de su institución, que establezca un diálogo fluido con su entorno, que movilice con sus propuestas, y que lidere proyectos pedagógicos productivos en armonía con las necesidades y problemáticas de su barrio o de su región.

educadorFernando Bárcena (Paidós, 20015) enriquece el espectro de la reflexión pedagógica al incluir, además del aspecto hermenéutico, que asume Zubiría, el aspecto ético. Piensa la educación como un compromiso de entrega y de defensa de principios relacionados con una vida digna. El directivo que es permisivo con las actitudes que relajan los horarios de clase, que devuelve fácilmente a los estudiantes para sus casas, que ante el menor conato de problema cierra las puertas y declara cese de actividades, está flaqueando en su responsabilidad educativa. Estas actitudes aparentemente inofensivas terminan incidiendo en la calidad de la educación.

En mi memoria permanece aquel maestro rural tan cercano a mí, que en los años 90 instaba a los padres de familia a que siempre debían enviar a sus hijos a la escuela, así se estuviera escuchando el ruido de las balas, en medio del fragor de los combates, en la estribaciones de la cordillera occidental. Reuniéndolos a todos les decía que la escuela y el hospital siempre deberían tener las puertas abiertas, que tan solo suspenderían las clases cuando ya los tiros pegaran en el tablero.

El miedo paraliza, pero la ausencia de clases imbeciliza… No le hagamos ese mal a nuestros estudiantes, decía a sus colegas, y terminó convenciéndolos de que esa costumbre de desescolarizar era facilista, y que lo único que conseguían era impedir que estos jóvenes salieran a competir en igualdad de condiciones con quienes egresaban de las instituciones urbanas.

El asunto ético es transversal a la educación. Las acciones del rector, su ejemplo, su actitud proactiva, dará la pauta a su comunidad. Nada sucede hasta que algo se mueve, dijo Einstein. Un rector ante todo es un gerente que tiene visión de conjunto y valora el trabajo en equipo, descubre potencialidades y delega tareas. Un rector inquieto propone opciones de solución, y retoma las fortalezas y los recursos –así sean escasos– de la comunidad. Toca puertas, hace contactos con entes públicos y privados, y reclama lo que por ley corresponde.

Rector y liderazgoLos tiempos actuales, en los que se intenta construir una paz basada en la equidad y el respeto a las diferencias, requieren rectores comprometidos, que lideren proyectos productivos para intentar resolver situaciones problema a través de la promoción de la innovación y el estímulo a emprendimientos, rectores recursivos que impacten con soluciones de transporte (no contaminantes), innovadores, que jalonen proyectos de manejo medio ambiental –procesos de reciclaje, siembra masiva de árboles, implementación de energías limpias–, que abanderen iniciativas para estimular hábitos de vida saludable, que se las ingenien para ofrecer espacios deportivos, recreativos y artísticos en sus horarios habituales, y que empoderen a sus estudiantes para hacer de la convivencia, de los conflictos y de las formas de representación estudiantil, verdaderas escuelas para la democracia.

Todo el tiempo educamos. Nuestros políticos, en este sentido, no son nuestros mejores referentes. Corresponde a la escuela apostarle al cambio, romper las dinámicas de modelos de desarrollo que atentan contra la vida del planeta poniendo en riesgo las de los seres humanos –por sus patrones descabellados de consumo–, saltar el cerco de las perspectivas estrechas que ganan adeptos desde la obediencia y desechan el cultivo de la argumentación, y rescatar la visión de Montaigne, aquella que expresa, a la vez, la fragilidad y el ímpetu de la condición humana para soñar y crear un mundo mejor.

Por consiguiente, en nuestras manos están las opciones de cambio, la transformación de la cultura. En resumidas cuentas, me atrevo a afirmar que sin el liderazgo del maestro, del rector es imposible el mejoramiento de la calidad educativa.

“…los discursos pedagógicos tendrían que aspirar a dotarse de un carácter performativo, en el sentido de intentar producir en otros el acontecimiento del que hablan.” Fernando Barcena

Artículo escrito por Rubén Darío Cárdenas, rector de la institución educativa Francisco de Paula Santander, en Colombia.

Bibliografía

Bárcena, Fernando. La experiencia reflexiva en la educación. Paidós, 2005.

Recuperado en: https://www.researchgate.net/profile/Fernando_Barcena2/publication/321194496_La_experiencia_reflexiva_en_educacion/links/5a1458e7a6fdccd697bbde47/La-experiencia-reflexiva-en-educacion.pdf

De Zubiria Samper, Julian. ¿Cuál es el secreto de los grandes maestros?, revista Semana, junio 17 de 2019. Recuperado en: https://www.semana.com/opinion/articulo/cual-es-el-secreto-de-los-grandes-maestros-columna-de-julian-de-zubiria-samper/620031

 

 

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