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El otro contagio

el otro contagio

Nosotras, algunas personas dedicadas por distintos caminos a la educación, durante estos días de confinamiento, nos hemos reunido, gracias al apoyo de la tecnología, en pequeños grupos, en grupos específicos de nuestra área, en grandes grupos de educadores, a nivel local, de país, del mundo, en uno o dos idiomas…

Durante las charlas, hemos coincidido en la necesidad de cambiar el rumbo de lo que la escuela concibe como educación, donde el protagonismo y la voz sea de quienes aprenden, de quienes colaboran en el proceso, es decir de la comunidad. Pero, sobre todo, de los niños, niñas y jóvenes.

Se ha coincidido en la necesidad de reducir el curriculum oficial para dar paso a los proyectos locales que posibilitan la agencia de quienes participan, cambiar las reglas, abrir espacios para que la voz de todas y todas sean escuchadas y los saberes locales sean valorados al mismo nivel que hoy en día valoramos los académicos.

Se han cuestionado fuertemente los procesos de evaluación que siguen dando valor a la carencia y no a la fortaleza, centrados en exámenes y notas.

Se han puesto en evidencia que las mal llamadas asignaturas blandas: arte, educación física, entre otras, son aquellas que nos están posibilitando en estos difíciles momentos el relacionarnos de la mejor forma posible con nuestro subí y baja emocional, consecuencia lógica de tantos días de confinamiento e incertidumbre. Hablar de aprender desde el cuerpo , nunca tuvo mayor importancia..

A través de distintas propuestas como Educación Covid se ha abierto la posibilidad de escuchar y recopilar nuestro sentir.

Y no cabe duda —aunque habrá todavía que esperar las cifras finales— de que la mayoría de quienes respondimos sentimos inseguridad y miedo, pero sabemos que las redes de apoyo familiares, de amistad y laborales han sido importantes para mitigarlos.

La mayoría estamos  de acuerdo con que el rol de la educación y el educador es generar bienestar en las familias. Es decir, no es prioridad completar el currículum escolar, los contenidos. La prioridad es generar vínculos que permitan el aprendizaje.

Muchas familias y educadores hemos expresado la necesidad de romper el circulo mortificante de presión, que alguien en la cadena de la estructura educativa inicia y que, irremediablemente, se convertirá en presión a los padres y madres quienes, a su vez, lo harán con sus hijos recibiendo al final estos últimos todo el peso de esa ansiedad.

Hemos insistido en dar valor desde la escuela a los aprendizajes cotidianos que las familias han podido construir a pesar de las dificultades y carencias. Pero también en reconocer que un alto porcentaje de personas viven un confinamiento en el que la supervivencia por cuestiones de hambre, violencia y salud es la prioridad y que la escuela no puede invisibilizarlo.

Otro tema que hemos puesto sobre la mesa en nuestras conversaciones es el cuidado. Este se refleja cuando creemos que el rol de la escuela es apoyar en el bienestar de las familias. Y es que el cuidado de uno mismo y de los cercanos será garantía para la salud de extraños.

Cuán importante son para todas y todas en este momento aquellos servicios relacionados con el cuidado.

Y, por ello, creemos que desde la escuela es necesario comenzar no solo hablando del valor de estas prácticas sino de la importancia de la equidad de género.

Se habla mucho de no volver a la normalidad. Pensando en qué, es precisamente esa normalidad la que nos ha traído a este punto: cómo esta pandemia nos hace visible lo que como seres humanos no queríamos ver, y por ello la vida tuvo que pararnos.

¡Alto!

Escuchémonos…, ya se ha dicho mucho en estos más de 90 días.

¿Ahora, qué? 

Busquemos otras formas, pequeñas, cotidianas, significativas de vivir cada uno de estos sueños tejidos entre nosotras, otras formas de mirar el acto relacional educativo y desencadenemos con nuestro ejemplo una nueva pandemia: la pandemia gozosa de una educación capaz de transformarse permanentemente.

Referencias

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