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El reto de la educación a distancia

Educación a distancia

Construir aprendizajes supone el encuentro entre personas. Ningún aprendizaje se produce en solitario.

En los tiempos más recientes se han reconocido los aportes de la psicopedagogía constructivista, en la que si bien es cierto que el alumno es el que construye su aprendizaje, lo realiza gracias a su interacción con la realidad, con sus compañeros, con los profesores, con la vida. Incluso cuando se lee, se mira un video, se interactúa con algún artefacto, se establece relación con otro, el que escribió, realizó el video o generó el artefacto. De modo que todos nuestros aprendizajes son producto de relaciones.

Relaciones para aprender

En condiciones “normales” no lo advertimos; pero en contexto de confinamiento, la falta de esas relaciones se hace notable.

Aparece clara la postura tradicional de muchos educadores (y muchas autoridades educativas) de que hay que seguir educando, emitiendo mensajes que los estudiantes deberán “recibir y aprender”; pero no perciben la falta de relaciones que son las que permiten el aprendizaje. Aquí la diferencia entre memorizar y aprender: los chicos memorizan, repiten, pero ¿de verdad aprenden?

¿Qué es lo que se produce en esas relaciones que permite aprender?

Las relaciones son más que emisión y recepción de mensajes, las relaciones condensan pensamientos, emociones, acciones (lo que algunos teóricos llaman representaciones sociales y otros prácticas culturales). Las relaciones conllevan afectos, ideas y creencias, que son las que nos van constituyendo como personas, nos vamos formando inmersos en esas relaciones.

En ese sentido, los aprendizajes van conformando nuestra forma de pensar, consciente e inconsciente, lo que nos orienta para enfrentar la vida y define nuestras acciones cotidianas. Así, estamos siendo educados en el pensamiento, en el sentimiento y la acción; estamos siendo educados en cada uno de los grupos sociales de los que formamos parte: la familia, la escuela, los amigos y otras instituciones sociales.

Un proceso educativo integral

El proceso educativo es integral, aunque muchas veces al elaborar el currículo se olvide y sólo aparezcan los contenidos conceptuales, y otras se incorporen los procedimentales, dejando soslayados los actitudinales. Pero más aún, el proceso educativo conlleva en esas prácticas culturales o representaciones sociales, formas de entender y de sentir el mundo, con las consiguientes formas de actuar en él. Aunque diseñadores, profesores, padres y alumnos, no lo perciban, el proceso educativo forma el pensamiento, el sentimiento y la acción.

No es que no se forme en valores o no exista educación emocional, lo que ocurre es que se realiza de forma inconsciente, no intencionada; por ello se construyen valores desde el consumo, el individualismo, el egoísmo y otras muchas maneras de entender y actuar en el mundo, sin pensar en los otros, cercanos y lejanos. Del mismo modo se enfrentan los sentimientos con prácticas de violencia, represión, e indiferencia. Es verdad que también existen prácticas que forman en el equilibrio, el amor y la confianza, que promueven relaciones de respeto y cuidado; lamentablemente no en todos los casos es así.

Por ello es fundamental asumir que se construyen aprendizajes en nuestro día a día; en las relaciones y prácticas cotidianas; y es necesario reconocerlos, analizarlos, cuestionarlos y reforzarlos o transformarlos, también en relación y práctica con los otros.  Es indispensable “Mirarnos”, reflexionar sobre lo que pensamos, sentimos y hacemos; propiciar en los procesos educativos esta mirada, para que los niños y jóvenes se miren y decidan qué cosas les gustan y los hacen sentir bien y también qué desean cambiar o enriquecer.

Aprendizaje en un contexto de confinamiento

Preguntémonos entonces: cuáles son las condiciones de aprendizaje en un contexto de confinamiento, cuáles son las posibilidades de aprender a distancia, qué características deben tener las actividades que se proponen desde la virtualidad.

Hablar de la familia en realidad es referirse a múltiples realidades, en las que la familia es un grupo en interacción, o bien una grupo con escasa interacción, e incluso grupos en los que la interacción es inexistente; por no mencionar aquellos en los que la interacción se caracteriza por la violencia. 

Así la realidad, una educación a distancia no puede suponer que la familia es un contexto de relaciones favorable al aprendizaje; debe puntualizar las actividades que se sugiere se realicen en familia para generar ese aprendizaje; pero además es necesario que promueva las relaciones entre los propios estudiantes, a través de los recursos tecnológicos, pero también con otros recursos, si reconocemos que no todos los estudiantes cuentan con la tecnología. 

La escuela como espacio de liberación

Para muchos de nuestros estudiantes, la escuela representa el espacio de liberación, frente a contextos adversos y familias disfuncionales; por ello en confinamiento, es necesario buscar las estrategias para acercarles ese espacio, momentos de reconocimiento, de contención o regulación emocional. Momentos en los que ellos son lo importante, más alude contenidos y aprendizajes esperados, en los que pueden encontrar nuestra mirada, nuestra palabra y cariño, en la distancia; momentos en los que logren sentir lo importantes que son para nosotros. La educación en confinamiento debe ser un espacio de relaciones, en las que el afecto es lo más importante.

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