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¿Es posible una evaluación transformadora?

¿Es posible una evaluación transformadora?

Un tema muy común en nuestras reflexiones como educadores es acerca de la evaluación y de su importancia en la construcción del currículo. Una primera pregunta muy importante es: ¿cómo utilizar la evaluación a favor de una educación transformadora?

Para reflexionar, empiezo esta concepción de currículo y evaluación con algunas cuestiones suscitadas por el Ministerio de Educación de Brasil en 2007 en el documento “Currículo y Evaluación”: ¿Qué es currículo? ¿Para qué sirve? ¿A quién va dirigido? ¿Cómo se construye? ¿Cómo se implementa?

En una primera perspectiva es fundamental tener en mente que el currículo lleva en sí una concepción pedagógica y también política. El traduce la mirada que aquellos involucrados en su construcción y realización tienen sobre lo que es educación y el acto de educar. Pero ¿cómo pensar una concepción curricular innovadora, transformadora y más sensible al proceso de florecer humano sin atentar a los instrumentos de evaluación y la forma en que concebimos el proceso de evaluación?

La evaluación es ante todo un proceso repetido innumerables veces a lo largo de nuestro día, no se trata sólo de una herramienta del ambiente escolar. “¿Qué voy a comer hoy? ¿A qué horas debo salir de casa?. A partir de este razonamiento, podemos observar el ambiente escolar como un espacio donde infinitas posibilidades de evaluación ocurren en todo momento por sus diversos actores involucrados. Todos en el ambiente escolar tienen capacidad de evaluar. Esta comprensión es fundamental para disociar del educador el papel exclusivo de la evaluación, pues de esta forma entendemos que analizar el desarrollo del estudiante puede pasar por la evaluación de muchos otros involucrados, además del propio estudiante, aunque debemos considerar la legitimidad técnica y política pertinente al educador .

Con esto un primer punto importante viene a la superficie: En una concepción transformadora de educación la autoevaluación es un instrumento fundamental pues es pieza clave para el desarrollo de la autonomía del estudiante y el empoderamiento de su propio proceso de aprendizaje.

Un segundo aspecto que viene a la superficie es la construcción de instrumentos más allá de la tradicional prueba que involucran a otras personas que actúan en el proceso de aprendizaje del estudiante, pues también poseen distintas miradas sobre el mismo. En este sentido llegamos al punto central: Para un proceso educativo transformador, la evaluación debe ser pensada para todo el proceso y no sólo para su fin. Ella no puede ni debe mirar al estudiante con el fin de medir, pero mucho más allá, para reflejar todo el proceso de aprendizaje, sin determinar un punto de llegada como punto principal, sino centrada en todo el recorrido educativo.

De esta forma, pensar otros instrumentos provoca una mirada más profunda sobre cuáles son los indicadores que estamos mirando y cuáles serán los criterios evaluados. Estos junto a los objetivos a ser alcanzados forman una tríada importante para que el colectivo involucrado en el proceso de evaluación – incluyendo el propio estudiante – tengan un filtro común, un hilo conductor que califica el proceso de evaluación.

Con esta comprensión sobre evaluación en mente podemos llegar a dos cuestiones finales importantes: Un proceso pedagógico transformador exige una evaluación diferenciada, pero no sólo eso, exige que se evalúe los aspectos personales, emocionales y humanos involucrados en el proceso de aprendizaje y desarrollo, no sólo los intelectuales y racionales que solemos evaluar. Y segundo, una permanente evaluación de la propia institución escuela. Construir una educación transformadora exige un cuidado especial con la misma institución, porque sólo una institución coherente con su discurso y sus propios indicadores de evaluación es capaz de estar siempre transformándose y profundizando su visión y sus prácticas educativas.

Para finalizar dejo aquí tres puntos resaltados sobre evaluación traídos por el documento ya citado en el principio – el cual recomiendo lectura para profundizar en el tema:

  1. Es fundamental transformar la práctica de evaluación en la práctica del aprendizaje;
  2. Es necesario evaluar como condición para el cambio de práctica y para el redimensionamiento del proceso enseñanza / aprendizaje;
  3. Evaluar forma parte del proceso de enseñanza y de aprendizaje: no enseñamos sin evaluar, no aprendemos sin evaluar. De esta forma, se rompe con la falsa dicotomía entre enseñanza y evaluación, como si ésta fuera sólo el final de un proceso.

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