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La escuela y el nosotros

La escuela y el nosotros

Ser figura de autoridad en el contexto laboral magisterial, hablando de la escuela como una institución que de entrada alberga infinidad de discursos de poder, conlleva un constante intento por no relacionar tu quehacer con un quehacer incongruente.

En la escuela abundan metáforas que describen historias únicas, en todos los ámbitos, el pedagógico, el de las relaciones entre los personajes, y que se hacen invisibles o se normalizan en el día a día: Lo académico por encima de los saberes locales, insistir en que hablar una lengua materna indígena es la causa del rezago escolar, decir es que los padres son analfabetas para expresar cualquier por qué de lo que sucede en la escuela. Dar más importancia al cumplimiento de planes y programas por sobre los sentimientos, gustos y necesidades de los alumnos y alumnas, es un pequeño ejemplo de lo que sucede en ellas.

En la búsqueda permanente por construir un NOSOTROS, he intentado centrar mi práctica a partir de una idea que descubrí en un espacio de formación relacionado con comunidades de aprendizaje: el Ubuntu, “Yo solo soy si tú también lo eres” [1]ya sea como apoyo técnico pedagógico, como directora de un plantel educativo o bien como supervisora escolar he buscado abrir espacios de acompañamiento  con ese enfoque no solo a docentes sino a madres y padres de familia.

Con el acercamiento a la geografía de las Prácticas narrativas para el trabajo con grupos, he reconocido lo incongruente de mi práctica, he descubierto como de forma poco consciente me coloco en una posición centrada en mi persona a pesar de ser influyente, y que se hace evidente cada vez que con la mejor intención decidía o decido (cada vez mucho menos eso sí), qué necesitan los docentes, que deben hacer las madres de familia para mejorar su vida.  Luchando por establecer mi posición descentralizada y por no “intervenir” en la práctica docente, ni en las decisiones de los padres y las madres de familia.

Hacer conciencia de las metáforas que piensan mi vida y mi práctica ha sido el primer paso en esa transformación, reflexionar y tratar de interiorizar la frase de Michael White “El problema es el problema, ni las personas ni las comunidades son el problema”, ha sido un ejercicio de re autoría constante.

En el espacio escolar rural mexicano en el que colaboro, por poner un ejemplo, la participación de las familias se reduce a hacer el trabajo pesado, limpiar, pintar, deshierbar, vender etc. Y cuando se habla de participación se habla en esos términos, quién va y lo hace y quién no. A pesar de la migración forzada de madres y padres de familia para buscar trabajo, dejando a cargo a los niños y niñas con sus abuelos, la escuela exige dicha aportación, sin el análisis de la problemática que genera en las familias, ni de la responsabilidad que le corresponde al Sistema Educativo. Discursos de poder en donde se señala como culpa acciones que son propiciadas por el mismo sistema y en donde se juzgan como culpable a quien es  víctima.

Estos discursos, estas historias escuchadas a lo largo de nuestra vida, nos dicen qué debe ser la felicidad,  qué es el éxito, la femineidad, la maternidad, la familia, etc. Las historias que los docentes ponemos al alcance de nuestros alumnos y alumnas, son historias que no los identifica, historias que hacen invisibles los saberes tradicionales de sus abuelos, de su comunidad, los saberes tradicionales locales.

Contar “otras historias” escribir otros relatos, comprender que cuando nos expresamos asumiendo que lo hacemos libremente es en realidad lo que la estructura de nuestra lengua y su multitud de metáforas que la conforman nos permite decir. Comprender que esas metáforas son metáforas que dominan y tienen vigencia al formar parte de discursos de poder vigentes de acuerdo a los factores sociales y culturales que le rodean, en donde es común asignar valores.

Es por ello que me parece que el enfoque de las prácticas narrativas es necesario en el ambiente escolar ya que propone contar historias preferidas. Contar “historias ricas o espesas que permitan un construccionismo social capaz de externalizar el problema. Cuando esto ocurre las historias cambian y, entramos a un territorio preferente”.[2]

Este enfoque narrativo busca descubrir saberes locales, hilar una narración con más sustantivos y menos calificativos, para poder de- construir una identidad ligada a al problema por una identidad preferida, en donde los sueños y las esperanzas tengan cabida. “Habilitar nuestra hospitalidad de pensamiento reconociendo en cada momento la extranjería, no para escuchar lo que me confirma sino escuchar al otro”[3]

Así las cosas, uno de los propósitos de mi quehacer en la escuela actualmente como supervisora  es hacer esas cosas evidentes y ponerlas a la mesa para su análisis y discusión en los colectivos.

En estas experiencias con las madres y los padres de familia, docentes, alumnos y alumnas, la doble escucha cobra importancia a través de la narrativa. Escuchar con interés genuino de las historias que se cuentan sabiendo que esas historias las filtraré desde mi propia historia.

“Saber y lograr hacer visibles las contribuciones de los otros y las otras en nuestras vidas y nuestras propias contribuciones a otras vidas, reconociendo y valorando la identidad como un logro colectivo.”

“En conversaciones narrativas por un lado se da la creación de nuevas historias al mismo tiempo que se hace una representación de identidad en donde la persona que está reflexionando sobre sus vivencias tiene la experiencia de ser experta en su vida. Igual que en prácticas de escritura es mucho más eficiente mostrar y no decir. En conversaciones narrativas no se propone que cada quien es experto de su vida sino que se muestra se experimenta. Esto en sí tiene efectos transformadores. [4]

Actualmente en el acompañamiento a siete escuelas primarias de un contexto rural de Yucatán, vivo la experiencia de incursionar en una función queriendo romper los paradigmas de los que esta se viste, una versión, más cierta en el querer y no tanto en el deber, más dispuesta a corazonar, más abierta a sentir con todo el cuerpo y no solo a pensar, más consciente de sus incongruencias, más clara de la importancia de construir comunidad y sobre todo que hay otros modos de mirar las cosas como en este caso: Las prácticas Narrativas.

La esperanza se acompaña de nuevos encuentros, nuevas relaciones, nuevas voces a las que hay que escuchar, encuentros que hay que vivir, historias que se construirán, caminar en una búsqueda constante de lo común.

 

 

[1] Ubuntu es una filosofía sudafricana vinculada a la lealtad y la solidaridad. El término proviene de las lenguas zulú y xhosa y puede traducirse también como “humanidad hacia otros” o “soy porque nosotros somos”.

[2] White Michael. Terapia Narrativa. Paidós. Barcelona 2002

[3] Berlanga Benjamín. Seis ideas acerca de narración y verdad. Sesión de la maestría en prácticas narrativas, noviembre 2015. En www.ucired.org.mx

[4] Comunidades de aprendizaje en prácticas narrativas en la educación y el trabajo comunitario.  Unidad de trabajo educativo. 2015

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