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Lo cognitivo y emotivo en los procesos de aprendizaje

Lo cognitivo y emotivo en los procesos de aprendizaje

Diversos autores han elaborado planteamientos que invitan a poner mayor énfasis en la educación emocional, en los procesos escolares, ya que consideran importante educar la dimensión afectiva a la par de la dimensión cognitiva para desarrollar las competencias que la nueva realidad exige; esto representa un desafío para el paradigma educativo dominante, ya que se puede observar una falta de habilidades emocionales en el alumnado, que le permitan enfrentar situaciones de la vida cotidiana.

Considerando que la sociedad se encuentra en una era de globalización, que exige al individuo adaptarse a los cambios constantes del día a día y tomando como base que el aprendizaje es un proceso que involucra en su totalidad al ser humano, es decir, en el momento en que aprendemos está presente tanto la dimensión cognitiva como la afectiva; no obstante, los estudios de la psicología cognitiva se han centrado más en los procesos cognitivos y poco en los afectivos, con esto no se niega que sí han reconocido la influencia que tienen en relación con el aprendizaje, pese a ello los afectos de alguna manera han quedado en segundo término.

El interés por conocer la incidencia de la inteligencia emocional en el aula, parte de compartir la crítica al concepto del Coeficiente intelectual y la concepción de que la persona inteligente es la que obtiene mayor éxito académico y profesional; de lo que se asume la inteligencia emocional como una alternativa a esta visión.

El argumento central es que para tener éxito en la vida, no basta con tener buenas habilidades cognitivas, sino que es necesario también tener buenas habilidades de procesamiento y gestión emocional, orientadas al manejo de las propias emociones y las de los demás; en este sentido las habilidades emocionales pueden ser más importantes que el propio conocimiento académico.

Origen de la inteligencia emocional

Una primera aproximación a los estudios sobre inteligencia emocional, destacan dos líneas de desarrollo: los trabajos de Salovey y Mayer, con su modelo de habilidades emocionales; y el de Goleman y Bar-On, con su modelo basado en rasgos de personalidad.

Pese a las diferencias entre ambos modelos, que se señalan adelante, ambos coinciden en atribuir el origen del estudio de las emociones en los trabajos de Howard Gardner con su teoría de las Inteligencias Múltiples , que puso en cuestión el Coeficiente Intelectual (C.I.),  ya que se constriñe a describir y medir el conocimiento lógico-matemático y lingüístico.

Howard Gardner a partir de su teoría de Inteligencias Múltiples, señala que existen diversos tipos de inteligencia y que el Coeficiente Intelectual (C.I.) predice la capacidad personal para manejar cuestiones escolares, sin embargo no reflejan el éxito que cada persona pueda tener en la vida (1994:20), ya que deja de lado elementos que también son importantes y permiten a los sujetos desempeñarse en la vida. Esta idea también es compartida por Goleman,  quien plantea que “… el C.I. parece aportar tan sólo un 20% de los factores determinantes del éxito (lo cual supone que el 80% restante depende de otra clase de factores)” (1995:26) como es el caso de las emociones.

De este modo, la inteligencia es definida como aquella: “…capacidad bio-psicológica de procesar información para solucionar problemas o crear productos que son valorados al menos en una comunidad y en una cultura” (Gardner ,2005:3).

Estas competencias y el nivel de desarrollo que alcancen dependen, de tres factores: la dotación biológica (física); la historia de vida personal, esto se refiere a la interacción del sujeto con las demás personas que lo rodean, los cuales le ayudan a aprender y desarrollar sus inteligencias; y por último, los antecedentes culturales  e históricos, que implican el tiempo y el espacio en el que el sujeto vive.

Tres puntos importantes destacan en la teoría de las inteligencias múltiples: El primero es el reconocimiento de que todos los seres humanos poseemos todas las inteligencias y tenemos las oportunidad de desarrollar al máximo las mismas; lo cual dependerá del tipo de enseñanza que el sujeto tenga, y que a su vez será determinada por su ambiente, sin olvidar la carga genética que se posee. El segundo punto, se refiere a que el perfil de inteligencias de cada persona es distinto, debido a que todos los sujetos son capaces de aprenden distintas cosas de diferentes formas, aunque estén enfrentando la misma realidad, dentro o fuera de la escuela.

El tercer punto, recalca que “el tener inteligencia no significa que uno se comportará moral o inteligentemente” (Gardner, 2005:5), un individuo puede tener inteligencia para algo en particular, pero ese individuo decidirá qué hacer con su inteligencia y cómo comportarse; por ejemplo, el que se tenga la habilidad de identificar los sentimientos de las demás personas no necesariamente será utilizado para ayudarlas, sino que puede servir como instrumento para lastimarlas.

La inteligencia intrapersonal e interpersonal, caracterizadas por Gardner, son especialmente relevantes ya que constituyen las dos dimensiones de la inteligencia emocional,  por ser éstas las que dirigen a los seres humanos y sus relaciones sociales.

Con estos antecedentes, el término de Inteligencia Emocional (IE)es desarrollado formalmente en 1990 por  Salovey y Mayer, refiriéndose a una habilidad con la que contaban los niños para dirigir sus emociones quienes a pesar de no tener un alto coeficiente intelectual (CI),o C.I,? les permite alcanzar niveles de excelencia académica y de relaciones superiores a las de otros compañeros con un  CI más elevado.

De este modo Salovey y Mayer definieron la IE como: “Una parte de la inteligencia social que incluye la capacidad de controlar nuestras emociones y las de los demás, discriminar entre ellas y usar dicha información para guiar nuestro pensamiento y nuestros comportamientos” (Fernández-Berrocal, 2007).

Sin embargo, a esta definición se le dio poca importancia a nivel científico y fue hasta 1995 cuando Goleman, retomo este concepto en la publicación de su libro Emotional intelligence: Why it can matter more than IQ (en español Inteligencia emocional: por qué puede importar más que el coeficiente intelectual), definiéndola como “una meta-habilidad que determinará en qué medida podemos utilizar otras habilidades incluyendo la inteligencia (CI)”. Para él, la inteligencia emocional puede sustituir al CI ya que este último no va a determinar cómo un sujeto debe  actuar ante las diversas situaciones que se le presenten. En esta definición se puede identificar la esencia del modelo de Goleman, que es una mezcla de aspectos emocionales y de personalidad; en el que combina dimensiones de personalidad como asertividad, optimismo, etc., con habilidades emocionales como autoconciencia, autorregulación, automotivación, empatía y habilidades sociales.

Mayer y Salovey en cambio, estudian a la inteligencia emocional como la habilidad de adaptación a un medio que se encuentra en continuo cambio, es decir, la considera una habilidad centrada en el procesamiento de la información emocional, que unifica las emociones y el razonamiento, en el que están presentes funciones como percepción, atención, lenguaje, cognición y memoria, permitiendo utilizar las emociones para facilitar un razonamiento más efectivo y pensar de forma más inteligente sobre nuestra vida emocional (Fernández-Berrocal, 2005).

La dimensión emocional en las teorías cognitivas

Frente a los planteamientos de la IE, es necesario reconocer los aportes de las teorías cognitivas que ya habían realizado el cuestionamiento a las posturas psicométricas del CI.

Al respecto, cabe considerar que los estudios sobre los procesos de aprendizaje han incluido la influencia de la dimensión afectiva en el proceso de aprendizaje. Bruner (1988) por ejemplo, crítica los límites conceptuales que han llegado a establecerse entre el pensamiento, la acción y la emoción; porque se han llegado a concebir como regiones separadas de la mente, situación que ahora nos coloca en la necesidad de  construir puentes conceptuales para conectar lo que nunca se debió separar.  (Aznar, 1995, p. 61)

En este sentido, Miras (2002), plantea que el aprendizaje debe ser abordado como procesos en donde están involucrados los sujetos en su totalidad, es decir, se debe considerar el plano intrapersonal, interpersonal, la dimensión cognitiva y afectiva, así como el conjunto de habilidades y capacidades. De modo que es necesario reconocer y considerar la existencia de diversos factores cognitivos y no cognitivos que están presentes en la capacidad y recursos que el alumno despliega cuando se encuentra en situaciones de aprendizaje..

De acuerdo con lo anterior, la dimensión cognitiva y afectiva son una unidad que no puede ser desligada; los afectos no se pueden aislar respecto del conocimiento ni tampoco de la situación o problema que lo genera y viceversa, los procesos cognitivos no se pueden considerar como un añadido de los afectos:, hay que tener presente que ambas dimensiones están siempre interrelacionadas en cada actividad que realiza un sujeto, es decir, en cada momento éste percibe, piensa, aprende y siente.

Al tener presente esta  unidad, podemos decir que en los procesos de enseñanza y aprendizaje de cualquier sujeto están permeados de afecto, siendo este último un componente fundamental que le permite conocer, actuar y relacionarse.

Por otra parte las aportaciones de la epistemología genética de Jean Piaget, con sus trabajos sobre el desarrollo intelectual, ubican al aspecto emocional como un elemento central en el aprendizaje.

Al respecto, en 1954, Piaget  estudió el concepto de inteligencia y en su planteamiento incluye el término afectividad e hizo énfasis en que sin una fuerte y adecuada presencia de los aspectos afectivos un ser humano no tendrá un desarrollo intelectual adecuado.

Va incluso más allá y plantea una hipótesis radical, al afirmar que en realidad lo cognitivo y lo afectivo son profundamente inseparables, que se complementan debido a que realizan funciones esenciales pero diferentes; es decir, que el conocimiento no puede verse como totalmente intelectual y académico, sino que debe asumirse claramente de naturaleza afectiva y emocional, menciona que el comportamiento inteligente sin afectividad imposibilita el movimiento del pensamiento, aunque el afecto no explica el razonamiento. Aunado a lo anterior, Piaget (1954) explica que durante la época temprana de inteligencia sensomotora, los afectos son intraindividuales y presociales, por lo que el ámbito del niño se limita a emociones y sentimientos elementales, a efectos perceptuales, a dolor y placer, y a reacciones secundarias relacionadas con el esfuerzo, el cansancio y la alegría. Por lo tanto, define la afectividad como “…los sentimientos propiamente dichos, y en particular la emociones; las diversas tendencias, incluso las tendencias superiores y en particular la voluntad.” (p. 18)

SE REPITE LO MISMO MÁS ADELANTE

La afirmación de Piaget (1954) sobre la indisociabilidad  de la dimensión afectiva y cognitiva puede abarcar dos sentidos diferentes, en el primero “… puede querer decirse que la afectividad interviene en las operaciones de la inteligencia, que las estimula o las perturba, que es causa de aceleraciones o retrasos en el desarrollo intelectual, pero no podría modificar las estructuras como tales.” (p. 17) Dicho de esta manera, un estudiante que se encuentra motivado o alentado tendrá más entusiasmo frente al estudio y, en consecuencia, le será más fácil aprender, y de manera contraria si el alumno se encuentra desmotivado este sentir se convierte en un obstáculo para el aprendizaje.

En el segundo sentido “…la afectividad interviene en las estructuras mismas de la inteligencia, que es fuente de conocimientos y de operaciones cognitivas originales.” (Piaget, 1954, p. 17)  Entonces, la dimensión afectiva, en el estudiante, puede incitar al conocimiento a partir del interés y en función de este último configura el sentido y el significado de su conocimiento.

De este modo cumpliría el rol de una fuente energética de la cual dependería el funcionamiento de la inteligencia, no obstante, por sí misma no puede modificar las estructuras de la inteligencia, ya que en cada conducta los móviles y el dinamismo energético provienen de la afectividad, mientras que las técnicas y el ajustamiento de los medios constituyen el aspecto cognitivo (sensoriomotor o racional). (Piaget, 1995, p. 48) Entonces, los afectos y los procesos cognitivos no pueden verse como causales uno respecto de otro, sino que se complementan.

Asimismo Piaget (1954) hace dos aseveraciones, la primera: No hay mecanismo cognitivo sin elementos afectivos, en la que explica que en

las formas más abstractas de la inteligencia los factores afectivos siempre intervienen. Cuando un alumno resuelve un problema de álgebra, cuando un matemático descubre un teorema, hay al principio un interés, intrínseco o extrínseco, una necesidad; a lo largo del trabajo pueden intervenir estados de placer, de decepción, de fogosidad, sentimientos de fatiga, de esfuerzo y de aburrimiento, etcétera; al final del trabajo, sentimientos de éxito o de fracaso; por último pueden agregarse sentimientos estéticos (coherencia de la solución encontrada). En los actos cotidianos de la inteligencia práctica, la indisociación es aún más evidente. Particularmente, siempre hay interés intrínseco o extrínseco. (p. 19)”

La segunda aseveración explica que: Tampoco hay un estado afectivo puro sin elementos cognitivos, en ese sentido cuando los sujetos se encuentran en la etapa de lactancia presentan miedos, que originalmente están ligados a la sensación propioceptiva de la pérdida del equilibrio.Así, cuando el niño tiene miedo a la oscuridad, este miedo responde a estimulaciones perceptivas; por lo tanto, los “…factores cognitivos cumplen entonces un rol en los sentimientos primarios, y con más razón en los sentimientos complejos más evolucionados donde se entremezclarán cada vez más elementos provenientes de la inteligencia.” (Piaget, 1954, p. 20)

Se puede decir, a partir de los planteamientos anteriores sobre la presencia de la dimensión afectiva en el aprendizaje, que los afectos son como un motor que impulsa a los sujetos a aprender., o por el contrario, pueden impedir o dificultar el aprendizaje; de modo que cuando un estudiante se encuentra motivado o interesado por un contenido, tendrá más ventaja de aprender de manera significativa el conocimiento que otros que no lo están.

Por su parte, Vigotski concede a la emoción un status similar al de la cognición en la constitución de los diferentes procesos y formas de organización de la psique, con esto planteala independencia de las emociones en su origen, de los procesos cognitivos, pero integra las emociones dentro de una visión compleja de la psique que representa un importante antecedente para la construcción teórica del tema de la subjetividad.

En uno de sus primeros trabajos Vigotski (1926) considera que “las emociones son el resultado de la apreciación que hace el propio organismo de su relación con el medio” (Vigotski citado González, 2000), surgiendo en momentos críticos donde el equilibrio entre el organismo y el medio se rompían de una u otra forma.

El reconocimiento de la relación entre necesidades y emociones, así como el lugar que Vigotski otorga a las formaciones psicológicas superiores, nos remiten a un sistema de naturaleza social, pero constituido en el individuo, que es el escenario complejo en que estas relaciones tienen lugar en el sistema de la vida psíquica del sujeto: la personalidad.

De este modo la personalidad es el sistema de vida psíquica que funge como un escenario donde se da la relación entre necesidades y emociones.

A partir de estos planteamientos, la relación de las funciones cognitivas y afectivas se pueden mostrar de la siguiente manera:

1)        No hay mecanismos cognitivos sin elementos afectivos, en las formas más abstractas de la inteligencia, los factores afectivos siempre intervienen. Por ejemplo cuando un alumno resuelve una tarea educativa, puede haber de por medio un interés o una necesidad, pero también pueden intervenir estados de placer,  decepción,  aburrimiento, etc., presentándose de este modo las funciones afectivas en el proceso de aprendizaje del alumno.

2)        Tampoco hay un estado afectivo puro sin elementos cognitivos, ya que los factores cognitivos cumplen entonces un rol en los sentimientos primarios, y con más razón en los sentimientos complejos más evolucionados donde se entremezclarán cada vez más elementos provenientes de la inteligencia.

Para las teorías cognitivas, la emoción deja de ser irracional y sólo un instinto de supervivencia, ya que ponen énfasis en los procesos cognitivos que tienen lugar en las experiencias emocionales. En específico, la teoría de la evaluación cognitiva pone énfasis en la evaluación de los hechos u objetos para poder determinar la reacción: a partir de una evaluación de cierta situación, el sujeto podrá determinar qué emoción sentirá y cuál es la acción que puede o no realizar.

La valoración dentro de esta teoría “…es un complemento de la percepción y produce una tendencia afectiva a hacer algo” (Garrido, 2000), el sujeto puede percibir una situación en particular o un objeto antes de sentir una emoción, como lo sugirió James, pero la percepción se complementa con una valoración de la situación, la cual determinará la emoción a sentir; dicha emoción viene acompañada de una motivación.

El sujeto primero determina si la situación es buena o mala para él (evaluación primaria); ya que se haya dado este proceso, el sujeto evaluará quién es el responsable de esa situación, si la ha valorado como mala por ejemplo, verá si él la ha propiciado o si alguien más lo ha hecho, lo cual desencadenará el enojo hacia sí mismo o hacia alguien más, a partir de este enojo u orgullo que pueda sentir el sujeto, evaluará si se puede manejar o no la situación a su conveniencia.

La teoría de la evaluación cognitiva aporta un elemento importante que es el conocimiento de las emociones, ya que en la medida en que el sujeto este consciente de estas evaluaciones, podrá conocer y controlar, los factores que intervienen en la  producción de la emoción y la acción que le conviene realizar, estos elementos son básicos en el desarrollo de una inteligencia emocional.

 

Carmen Margarita Pérez Aguilar

Universidad Pedagógica Nacional (México)

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