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Los derechos de la infancia cumplen 30 años

Derechos de la infancia

El 20 de noviembre de 2019 se cumplen 30 años de la aprobación de la Convención de Derechos del Niño por la Asamblea General de Naciones Unidas, que convierte al niño y a la niña en personas titulares de derechos.

Un cambio de lenguaje que no es baladí

Se entiende por niño a toda persona menor de 18 años y que a través de sus 54 artículos los reconoce como sujetos de pleno derecho. España ratifica la Convención en 1990 y entonces se convierte en el país número 45 en hacerlo. Pero es el artículo 10 del Título I de la Constitución de 1978 el que vincula tal ratificación a su cumplimiento como cualquier otro tratado o acuerdo internacional ratificados por España.

Son varias la contribuciones que en materia de derechos, de buen trato y de educación constituye la Convención, pero en general podríamos hablar de un cambio de perspectiva con respecto a la infancia.

Pleno derechoEl texto muestra una nueva forma de relacionarse con la infancia, por medio de un texto vinculante legalmente, en el que los niños y las niñas son reconocidos como ciudadanos de pleno derecho a través de un articulado de obligado cumplimiento para los países que lo han ratificado.

En general, podríamos hablar del paso desde un modelo de protección de la infancia a partir de una idea asistencialista basada en la satisfacción de necesidades una vez dadas, a una propuesta centrada en los derechos legítimos de las personas menores de 18 años con un enfoque de prevención de las necesidades.

En este sentido, la Convención convierte al niño y a la niña en personas titulares de derechos, por propia naturaleza, en lugar de atribuirles únicamente protección en base a una falta de capacidad o de desarrollo.

Destaca el carácter preventivo y garantista que la Convención ofrece a los derechos de los niños y niñas. Lo vemos en cómo interpela a los Estados sobre la adopción de medidas contra la discriminación o el castigo (art. 2); en relación a los traslados ilícitos y las retenciones ilícitas (art. 11); contra las injerencias o ataques (art. 16); o incluso, cuando introduce el interés superior del niño como criterio para tomar decisiones (art. 3) entre otras medidas.

Este cambio de perspectiva se observa tanto en la forma como en el fondo de la Convención. Un ejemplo lo encontramos en el esfuerzo que aparece en el texto por sustituir la designación de “menor” por la de niño y matiza que con esta designación se refiere: “a todo ser humano menor de 18 años”. Un cambio de lenguaje que no es baladí y supone conceptualizar a los niños y niñas por lo que son, en lugar de por lo que les falta o de lo que carecen en base a un estándar marcado por la adultez.

Celebración del 30º aniversario de la Convención sobre los derechos del niño

Fuente: https://www.ohchr.org/SP/HRBodies/CRC/Pages/CRC30.aspx

Si bien el texto se refiere a la necesidad de garantizar la protección de niños y niñas, este cuidado se pretende con carácter preventivo a través de la articulación de medias, protocolos y estructuras. Además, estas medidas a las que tienen derecho no les deslegitiman poder participar, en la medida de sus posibilidades, de los asuntos que están directamente relacionados con ellos.

Otra de las aportaciones de la Convención radica en el papel que asigna a las familias en relación con los hijos e hijas. El texto reconoce la responsabilidad del Estado y de las familias de hacer valer la Convención, y de proteger al niño de toda forma de discriminación, incluso por causa “de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, o sus tutores o de sus familiares” (art. 2). Se trata de considerarlas como agentes fundamentales pero no estructurantes del propio proceso de toma de decisiones del hijo o de la hija. Este espíritu nos invita a sustituir un enfoque capitalizado por una idea de la infancia como propiedad de la familia, hacia caminos de responsabilidad mutua, diálogo, y respeto por los derechos y deberes, también de los niños y de las niñas.

Retos para el presente

Desde el convencimiento del papel primordial que la Convención ha tenido y tiene en la reivindicación de los derechos de las niñas y de los niños, observamos, no obstante, cierta relajación a la hora de incorporarla a los procesos de toma de decisiones relacionados con la infancia.

A veces parece una falta de conocimiento de la norma, como cuando en los lugares públicos aparecen carteles que directamente prohíben a los niños derechos que les son reconocidos en la convención.

juegoPor ejemplo podemos hablar de los carteles que en determinados espacios colectivos señalan la prohibición del juego, quizás sin saber que el juego es un derecho de los niños y las niñas reconocido en el artículo 31.

 

descansoEn este mismo artículo se reconoce el derecho al descanso, algo que en ocasiones olvidamos cuando los tiempos de los niños se llenan de horas de colegio por la mañana y de deberes y actividades extraescolares por la tarde.

participaciónOtras veces, se intuye que la Convención no es considerada de manera efectiva en el mismo nivel que otras normas de su rango, quizás por tratarse de derechos de niños y niñas. Podemos pensar en toda la legislación que afecta directamente a la infancia, por ejemplo todas las normas educativas, y que sin embargo no han contado con la participación de los niños y niñas en los debates, reflexiones y toma de decisiones. En este sentido, es comprensible cierta resistencia dado que la participación no es sólo un derecho que se pueda y deba ejercer. Participar es una responsabilidad que se aprende ejerciéndola y de la que desgraciadamente tenemos pocas experiencias especialmente en la infancia. Sin embargo, este hecho debiera ser sólo un argumento más para potenciar estructuras democráticas y mecanismos de diálogo adaptados a los ritmos de los niños y las niñas que nos aproximaran a entornos donde la voz de la infancia esté presente, especialmente y por mandato legal en los aspectos que les afecten.

Por todo ello, sí parece necesario continuar con la tarea pedagógica de ahondar en la divulgación de la Convención, tanto entre los niños y las niñas como entre las personas adultas. En este sentido, aunque el texto de la Convención está dirigido a la población adulta, responsable de velar por el cumplimiento de los derechos y deberes de la infancia y puesto que es imprescindible que niñas y niños conozcan el contenido de este texto, la Plataforma de Infancia España, ha elaborado las adaptaciones del texto de la Convención a diferentes niveles para contribuir a su mejor conocimiento entre la infancia de todas las edades:

clickVersión adaptada para niñas y niños entre 6 y 11 años: http://plataformadeinfancia.org/derechos-de-infancia/la-convencion-de-los-derechos-de-la-infancia/convencion-derechos-del-nino-adaptada-6-a-8-anos/

click

Versión adaptada para niños y niñas de entre 9 a 12 años: http://plataformadeinfancia.org/documento/mis-derechos-convencion-internacional-de-los-derechos-del-nino-version-adaptada-para-ninos-y-ninas-entre-9-a-12-anos/

clickVersión adaptada para niñas y niños de entre 13 a 18 años: http://plataformadeinfancia.org/derechos-de-infancia/la-convencion-de-los-derechos-de-la-infancia/convencion-derechos-del-nino-adaptada-13-17-anos/

 Por último, creemos necesario incorporar nuevos artículos que aclaren la redacción de algunos ya incluidos y que incorporen nuevos derechos, por ejemplo el derecho a una educación inclusiva. Y tú, ¿qué derecho incluirías?

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Artículo escrito por Elvira Molina, profesora de la Universidad de Granada donde forma a futuros maestros, educadores sociales y pedagogos. Durante más de 10 años ha trabajado como maestra en Melilla, ciudad en la que elaboró y desarrolló el Programa Alehop para mejorar la competencia comunicativa de los niños que accedían a la escolarización sin un suficiente dominio del castellano. Después se sumó a la propuesta de transformación educativa que lideró la AMPA Ceip León Solá a través del Programa Cañada Viva! para abordar la educación vinculando escuela, familia y barrio.

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