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Rompiendo el paradigma de la enseñanza

Rompiendo el paradigma de la enseñanza

Estamos por cumplir casi 20 años del nuevo siglo, Siglo XXI que demanda y exige nuevos retos en materia científica, tecnológica, social y humanística; por la gran diversidad de avances, en todas las ciencias, el hombre se adapta a nuevos estilos y cambios de vida.

Las ciencias de la educación también están cambiando, en particular la Pedagogía, no puede ni tiene que ser indiferente a los nuevos retos de esos cambios, en consecuencia, tiene que ser un eje central en la vida posmoderna de la humanidad; las pedagogas y pedagogos de hoy y mañana, tienen que hacer de su práctica educativa una fortaleza para las nuevas generaciones. La Pedagogía, lacónicamente hablando es la ciencia de la educación, del griego: paidos (niño) y ágo, eguein (conducir): “conducir al niño” (Dic. Edu. 2008).

La pedagogía como ciencia es relativamente joven comparada con otras ciencias, aunque el concepto de pedagogo como tal, se remonta al primer tercio del gran imperio Romano (Guzmán, R. 1985); los romanos necesitaban a hombres que se dedicaran a la instrucción de los hijos, en los saberes de las ciencias del momento, por lo que llamaron a pedagogos para enseñar e instruir.

La pedagogía como ciencia surgió a mediados del siglo XIX y a principios del siglo XX se fortaleció con la llamada escuela nueva: Decroly, Freinet, Rouseau, Montesori, entre otros y un sinfín de Educadores y Educadoras dieron aires nuevos a los estilos de enseñanza, generalizando ésta en una llamada enseñanza tradicional, sin centrar la atención en los estilos de aprendizaje de los pupilos o discípulos.

Casi a finales del siglo XX, surgen nuevas corrientes pedagógicas para motivar nuevas formas de aprender, surge la didáctica crítica, los modelos en competencias y el constructivismo, no por ello, se dejó el estilo de enseñanza tradicionalista (ensayo y error, estímulo respuesta, memorística…) entre otras, con las que se aprendió y se aprendió bien.

Pero para cambiar un poco al paradigma de la enseñanza el concepto de didáctica, cual rama de vital importancia de la pedagogía, emana del griego, didaskein: “el arte de enseñar” (op. Cit. 2008); el maestro de hoy, tiene que ser un artista en y de su escenario, donde con su propia imagen, voz, y elocuencia de sus saberes trasmita éstos para enriquecer a sus espectadores (Don Ramón Profesor, you tube); así mismo, tiene que ser un artesano para que, con el cincel y el martillo de su sabiduría y los recursos didácticos de hoy (uso de las TIC y TAC), talle la piedra o la madera, quitando la ignorancia hasta convertir a ese ser en una verdadera obra de arte, un hombre y/o una mujer nueva, moldeado cual plastilina y formado cual escultura de barro, con delicadeza y paciencia.

El nuevo pedagogo o pedagoga de hoy; maestra o maestro tiene que cumplir con ocho esencias que den cuenta de estar en la historia de este presente siglo XXI, ocho valores, atreviéndose a romper nuevos paradigmas iniciando con su propia persona, por ello contextualizando y parafraseando a Pliego Ballesteros (Pliego M. 2007), el maestro:

  1. Para aprender a aprender, tiene que estar en constante preparación y aprendizaje, buscar la Sabiduría que es el fin último del valor intelectual que él posee, inherente a su esencia personal, estar actualizado y a la par de las innovaciones de cada día.
  2. Tiene que estar sano físicamente, es la manifestación del valor físico que tiene el maestro; de lo contrario, su mal estado de salud limitará su desempeño en los diferentes ambientes de aprendizaje, no puede ser un muerto en vida.
  3. Debe cuidar siempre de su aspecto personal es mostrarse ante lo demás, particularmente ante sus estudiantes de manera pulcra, imagen de “yo estoy bien, tú estás bien”, el valor estético en el maestro es reflejo del cuidado que hay en él, es mostrarse bello.
  4. Tiene que Motivar a los pupilos a buscar y hacer el bien, siempre el bien, es estar conscientes de que el maestro posee un valor moral; de practicar las buenas costumbres en todas las esferas de las relaciones interpersonales, inclusive, hasta para consigo mismo.
  5. Debe poseer el valor afectivo, este valor lo lleva a amar aquello que hace, en consecuencia, lo que hace lo hará muy bien; amar su vocación y apasionarse de su tarea educadora, define un maestro feliz y contento, ocupado en llevar a la trascendencia a aquellos que ama.
  6. Desafortunadamente cuando se habla del valor económico, nunca se está completo y se tendría que cuestionar: ¿cuánto es suficiente?; este es un valor en los países en vías de desarrollo, es insatisfecho más que cualquier otro, pero el maestro debe aspirar a que su estabilidad económica le permita vivir mejor.
  7. Debe y tiene que tener excelentes relaciones interpersonales, su valor social lo motiva a saber convivir; el trabajo colaborativo y cooperativo permitirá realizar ejercicios de transversalidad con otros maestros, de estar bien consigo mismo y con sus compañeros de trabajo, sin olvidar su ambiente familiar.
  8. Por último, el maestro tiene que buscar siempre ser mejor, reflejo de su valor espiritual, con este valor debe aspirar a ser perfectible, estar motivado, vivir en paz y a conjugar los otros siete fines últimos de cada valor aquí enunciados, fusionarlos de tal manera, que lo lleven a trascender.

Conclusión:

Rompamos con los paradigmas de la enseñanza, salgamos de los salones ensañando en otros ambientes de aprendizaje, utilicemos la memoria si es necesario, apropiémonos de las tecnologías de la información y seamos unos apasionados de la educación; “si el estudiante se pone de cabeza…. ¿por qué el maestro no?”.  Recuerda que aprender también es y “fue sin querer queriendo…” (El chavo del ocho 1976), ¡Hasta la próxima!

Norberto Cervantes

Referencias Bibliográficas:

  1. GUZMAN, Roberto. (1985). Historia de la Cultura. México D.F. PORRUA.
  2. https://www.youtube.com/watch?v=71tq0K1rO94
  3. ”PEDAGOGÍA y DIDÁCTICA”. Diccionario de Ciencias de la Educación. Editorial Larouse. 2008. Impreso
  4. PLIEGO, María (2007). Valores y Autoeducación. México D. F. MINOS
  5. SALAS, José. (2012) Historia General de la Educación. Red Tercer Milenio.

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