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Ser resiliente o no serlo, ¿es esa la cuestión?

Resiliencia

Vivimos en una sociedad de modas, en las que lo más importante es ser tendencia y trending topic. Y, por desgracia, eso incluye también las profesiones y su vocabulario. Si hacemos el ejercicio de observar nuestro entorno detalladamente podremos ver como algunas personas, para parecer más profesionales, incluyen en sus discursos palabras inglesas, entiendan o no realmente su significado,  y/o para aparentar ser culto se usa una jerga profesional mientras se toma el café con las amistades.

¿Qué es la resiliencia?

Una de las palabras trending topic en el intento de dramatizar y demostrar la “inteligencia y profesionalidad” de uno es resiliencia. Desde tatuajes hasta cursos de autoayuda, ahora una persona parece no ser nadie si no es resiliente. Y yo me pregunto: ¿sabemos qué es la resiliencia? Permitidme que lo dude, porque no existe una definición única, sino que en la literatura se pueden encontrar multitud de ellas.

Aun con esta variedad, todas las descripciones determinan que la persona, por un lado, tiene que haber vivido uno o más desafíos fisiológicos, psicológicos y/o sociales, y por el otro, haberse adaptado adecuadamente en un crecimiento no traumático (Bethell, et al., 2017). Es decir, se trata de un proceso dinámico y evolutivo que se debe promover desde la infancia. Y uno puede preguntarse: ¿cómo se puede promover la resiliencia si estamos hablando de una característica interna, factor de personalidad? Si eres de los que se hacen esta pregunta, tengo que comunicarte que formas parte del fenómeno social de la resiliencia.  Esto se debe a que, popularmente, se entiende el concepto como algo que eres, sin posibilidad de trabajarlo. Pero estamos hablando de un estado de adaptación exitosa que tiene lugar en una persona frente a un riesgo, y ante otros ámbitos del desarrollo no tiene porque darse (Lázaro, 2014).

La familia, primer recurso social de los niños

Así pues, si está en nuestras manos ayudar a potenciarla ¿qué podemos hacer? Fácil, tenemos que ser personas seguras de nosotras mismas, optimistas, con baja susceptibilidad, con control de nuestros impulsos y emociones, asumiendo las propias responsabilidades, con entornos que nos proporcionen seguridad, prevención de riesgos, capacitación para el futuro, afectividad, etc. Nada que no podamos hacer, mañana empezamos. ¿No puedes? ¿Crees que se trata de un trabajo largo, intrínseco, que uno no puede hacer solo? Estás en lo cierto, las habilidades y capacidades para hacer frente a la vida se tienen que potenciar desde que nacemos, no es trabajo de un solo día ni de una sola persona. El punto de partida, el nacimiento, está en los padres, puesto que son el primer recurso social de los niños. Estos deberían ser amorosos, desarrollar relaciones de apego seguro, permitir al menor ser autosuficiente y darle apoyo (Bethell, et al., 2017). Es importante que los entornos ofrezcan oportunidades de aprendizaje y modelos adultos adecuados, para que podamos ir potenciando nuestra resiliencia.

Niño maltratadoPero ¿qué pasa con todos aquellos niños que no tienen la suerte de nacer en esté tipo de familia? ¿Qué pasa con los maltratados? ¿Cómo van a hacer frente ellos a sus vivencias traumáticas? La experiencia de ser perjudicado por aquellas personas que te deberían apoyar y proteger puede conducir a secuelas neurobiológicas, somáticas y mentales, comprometiendo así su capacidad para hacer frente a los factores estresantes a lo largo de la vida. Siendo estos previsiblemente más graves, cuanto más temprana sea la experiencia del maltrato. Cabe destacar que los deterioros que causan suelen aparecer a medida que el tiempo transcurre, aunque los menores ya no estén en una situación de peligro (Morelato, 2011).

Cuando los niños y niñas no pertenecen a nadie ni a nada, cuando se encuentran al margen de la vida familiar, ¿quién los va ayudar para que pueden hacer frente a la adversidad?

Algunos van a potenciar su capacidad de resiliencia desarrollando un sentido de control en sus vidas violentas. En esa adaptación son capaces de defender a sus maltratadores, los padres, separando así lo que es una conducta abusiva de los roles de “buen cuidador/a”. Normalizan su entorno abusivo, consiguiendo un medio para establecer un estado funcional de equilibrio. Pueden visualizar un futuro positivo que les mantenga con esperanza, sueños y metas modificando así su respuesta adaptativa ante la amenaza. Sin embargo, no todos pueden hacerlo.

mujer encadenadaEl caso de Marcos

Pensemos en el siguiente caso. Marcos es un niño que hasta los 5 años vive con su madre maltratadora. En ese periodo de tiempo es golpeado, no solo por ella sino también por sus parejas, amenazado de ser enterrado vivo si no se porta como es debido, encerrado en el maletero de un coche, en el cual también tenía que vivir. Se ve obligado a mudarse ante las amenazas de muerte que recibe la madre, ve cómo ella consume e incluso él llega a consumir alcohol, y se mueve en entornos violentos en los cuales hay hombres que matan a otros hombres. ¿Cómo lo va a hacer Marcos para superar lo que en tan corta edad ha tenido que experimentar? La verdad es que no creo que él solo pueda hacerlo.

Marcos es uno de los muchos casos de maltrato que se pueden encontrar por todo el mundo. Él nos muestra la importancia de sumarnos todos en la protección de la infancia y no dejarlo exclusivamente al menor y su familia. Cuando quien te tendría que querer y cuidar falla, deben aparecer otros adultos que se interesen por los niños/as y los ayuden, permitiéndoles así experimentar lo que es crear vínculos estrechos sanos (Amar, Kotliarenjo y Abello, 2003). La comunidad y la escuela se vuelven claves en la superación de estos menores, porque los vínculos que establezcan con los adultos significativos y los iguales son predictores de la resiliencia durante la infancia y la adolescencia (Lázaro, 2014).

Estos menores consiguen salir victoriosos de sus condiciones psicológicas de niño abandonado porque logran significar y re-significar, de manera personal y social, sus historias de vida violentas, demostrándonos que la historia no es un destino (Obando, Villaobos y Arango, 2010).

Los contextos residenciales son uno de los entornos en los cuales la resiliencia puede tener lugar. Se trata de centros que deben usarse como medidas protectoras ante el maltrato que los menores han vivido dentro de sus familias. En ellos, los distintos profesionales (cuidadores, psicólogos, trabajadores sociales, etc.) son los encargados de garantizar, a esos niños y niñas, un contexto seguro y facilitarles el mejor desarrollo posible. Y al mismo tiempo, coordinarse con la escuela y la comunidad para asegurarse de que todos los entornos del niño trabajan para su desarrollo positivo, de la forma adecuada y en la misma línea (Lázaro, 2014).

La crucial labor de los profesionales

DiálogoSi tú eres una de esas personas dispuesta a darles la mano a todos esos menores que lo necesitan, para así ayudarlos en su desarrollo adaptativo, estos son algunos de los aspectos imprescindibles que trabajar con ellos: (1) el aprendizaje de hacer frente a las situaciones difíciles sin manifestarse violentamente; (2) el desarrollo de competencia socialresolución de conflictosconciencia críticasentido de propósito; (3) establecimiento de relaciones significativas de cuidado estables en el tiempo; (4) dar instrucciones apropiadas como guía de su comportamiento; (5) educar en la resolución de problemas de grupo y toma de decisiones, (6) ayudarlo en la acomodación en los distintos tipos de inteligencia y estilos de aprendizaje; (7) trabajar la autoestima y el sentimiento de autosuficiencia; (8) educar en habilidades de auto-regulación emocional y (9) potenciar el control interno respecto su vida y el futuro (Amar, Kotliarenjo y Abello, 2003).

Artículo escrito por Andrea Salvat San Agustín, Psicóloga General Sanitaria.

REFERENCIAS:

  • Amar, J., Kotliarenko, M., y Abello, R. (2003). Factores Psicosociales Asociados con la Resiliencia en Niños Colombianos Víctimas de Violencia Intrafamiliar. Investigación y desarrollo, 11(1), 162-197.
  • Bethell, C., Gombojav, N., Solloway, M., Wissow, L. (2915). Adverse Childhood Experiences, Resilience and Mindfulness-Based Approaches. Child Adolecent Psychiatric Clinical.
  • Lázaro, S. (2009). Resiliencia en niños y adolescentes: revisión teórica e implicaciones para la intervención psicoeducativa en situaciones de maltrato familiar.  Estudios de psicología, 30(1), 89-104.
  • Morelato, G. (2011). Maltrato infantil y desarrollo: hacia una revisión de los factores de resiliencia. Pensamientos psicológicos, 9(17), 83-96.

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