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Transformación educativa: Jornada única o más de lo mismo

Transformación educativa

No es la cantidad de horas lo que puede asegurar un mejoramiento en la calidad de la educación en Colombia.

«…la educación es la revelación de los demás, de la condición humana como un concierto de complicidades irremediables.

[…] lo propio de la humanidad es la compleja combinación de amor y pedagogía.» Fernando Savater

 

foco educativoLos propósitos gubernamentales al impulsar y empezar a formalizar la jornada única en todo el país, aunque son loables, no atienden las causas estructurales del problema de la brecha entre la educación pública y la que brindan las instituciones privadas de primer nivel. Tampoco es suficiente invertir sumas astronómicas en construcciones, ampliaciones y refacciones de sedes educativas, si no se atiende, con mayor énfasis, el asunto de las metodologías, las didácticas, las prácticas, y en especial, el clima institucional que se vivencia en las aulas de clases y que, en su conjunto, son realmente el soporte para hacer las transformaciones en la calidad de la educación.

  • De nada sirve que una institución tenga lo último en tecnología si en su interior los maestros se ciñen exclusivamente a la modalidad de las clases magistrales o sencillamente se dedican a entregar guías de trabajo que deben ser resueltas con ayuda de la Internet, sin que las temáticas obedezcan a un proyecto que involucre problemáticas de su comunidad.
  • De nada sirve que se aumente el número de horas si los estudiantes siguen emparentando lectura con aburrimiento, escuela con tareas abultadas y sin fundamento, escuela con espacio para estar conectados a sus dispositivos electrónicos, escuelas sin nexo con los graves problemas que sacuden al mundo como el deterioro del planeta, la corrupción generalizada correlato de una crisis ética que mina la credibilidad frente a lo público, el desplazamiento forzado y el fenómeno de las migraciones, no solo en el vecindario sino en América Central y en el viejo continente.

escuelaA la postre, la escuela se ha visualizado como depósito de niños y jóvenes y no como espacio privilegiado en el que se adentran compañeros, amigos, maestros al «jardín simbólico de los significados» —en palabras de Savater—. Como espacio en el que se aprende a convivir, a interiorizar valores, a hacer acuerdos y a vislumbrar proyectos en equipo, para comprender y transformar el mundo con sus aplicaciones científicas y tecnológicas.

maestrosLa visión de escuela debe ser transformada por los propios maestros, para ello, debemos recoger e ir más allá de las propuestas de cambio lideradas desde las altas esferas, es hora de pasar de la oposición a la proposición. Con jornada única o no, lo realmente importante es cómo nosotros, los maestros, jugamos a enriquecer nuestro quehacer pedagógico: propiciando de manera creativa ambientes de trabajo fortalecidos por la curiosidad, la motivación y el entusiasmo de los estudiantes, enlazando proyectos de aula con los problemas más sentidos que padecen las comunidades.

reflexión educativaTodos los días debemos preguntarnos: ¿Este trabajo es mi proyecto de vida? ¿Llego y expreso agrado al iniciar mis labores cotidianas? ¿Soy consciente de lo importante que soy en la vida de mis estudiantes? ¿Proyecto mi visión de la vida —lo que siento, pienso y quiero— en mis prácticas educativas? ¿Contribuyo con mi labor a la construcción del proyecto de vida de mis estudiantes? ¿Permanezco informado y actualizado con respecto a lo que ocurre en el entorno, en mi país y en el mundo? ¿Hablo de mis lecturas —de los rostros, de las situaciones y los contextos, de los libros y de las distintas expresiones de la comunicación— con mis estudiantes?

La respuesta a los interrogantes planteados guarda relación con la otrora época, en la que se equiparaba la labor del maestro con un verdadero apostolado, por la vocación y entrega que implicaba el haber escogido el camino de la docencia.

Este es el primero de una serie de textos escritos por Rubén Darío Cárdenas (rector de la institución educativa María Auxiliadora en la zona rural de La Cumbre, Colombia), sobre la necesaria transformación educativa que requiere la escuela.

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